Después, como una bola de nieve que busca crecer, rodando por Coalición Democrática y finalmente dando en Coalición Popular. No hubo demasiados remilgos ideológicos para formar aglomerados electorales entre quienes añoraban el poder. Convirtieron finalmente a Coalición Popular más en objeto de los estudiosos de las estructuras de parentesco que de la Ciencia Política. Por ello no es conveniente olvidar, ni ellos mismos lo permiten, los elementos heterogéneos democristianos, azules, franquistas, tradicionalistas, católicos apostólicos, monárquicos, liberales, reformistas y mucho más, que forman su fondo de armario ideológico. Con algún esqueleto Arriba España incluido, como han mostrado las recientes movilizaciones ante la sede de la calle Génova. La refundación en 1989 de tal menestra política nunca significó el fin de la diversidad.

Grande. El PP fue un cascarón sostenido con tres mimbres principales. El primero el PP lo encontró en su posicionamiento anti-PSOE como la principal fuente de cohesión ideológica. El PP solamente es uno y grande polarizando su electorado contra el PSOE. Con su anti-PSOE como marca de nacimiento, desarrolló su posición electoral desde la marginalidad de cinco millones en 1989, hasta prácticamente diez millones en 1996, multiplicando por dos su electorado. El poder alcanzado progresivamente en diferentes niveles locales, autonómicos y nacionales durante la primera mitad de los 90 aportó la adhesión incondicional en el partido. El autoritarismo de Aznar (explicará sus decisiones solo ante Dios y la Historia) funcionó como sucedáneo de un carisma que nunca tuvo. Como escribió Manuel Pimentel “El juego estaba claro: o se estaba al cien por cien de acuerdo con lo que decía Aznar o se estaba contra él, y de paso contra el PP y contra España entera. Así de sencillo. Así de empobrecedor”. En resumen, la identificación de un enemigo externo, la posesión del poder y los rasgos autoritarios en clave interna, fueron las tres capas (Mead) que envolvían y definían el Ego del PP. Y fue precisamente un exceso de Ego lo que le llevo a su actual situación.

Libre. La perdida del gobierno nacional y la ausencia de liderazgo autoritario, también en clave nacional, ha liberado los demonios familiares del partido. Como escribiera el profesor Tezanos en “Zafarrancho sin cuartel”, tras un amago de guerra de guerrillas, con varias partidas lideradas por Aguirre, San Gil, Mayor Oreja, Costa y otros, los organizadores de la asonada contra Rajoy han optado por la guerra de trincheras. Trincheras que, tras la mascara centrista, recorren todo el ideario de la derecha española. Nuevamente en el 2008, el PP vuelve a ser un grupo de señores de la guerra, esta vez a unas mismas siglas pegados. Donde unos a otros se invitan a marcharse. ¿Su futuro tras el congreso? El remake de “Los siete magníficos” tiene muchas probabilidades de terminar en una versión paritaria del “Grupo salvaje” de Sam Peckinpah.