Entre las principales preocupaciones ciudadanas en los últimos años también ha ido cobrando peso ?aunque a cierta distancia de los antedichos problemas? las reivindicaciones de mejora de la calidad de la democracia. En la Encuesta del GETS de otoño de 2013, cuyos avances se han publicado en el número de noviembre de la revista TEMAS, se puede constatar como las demandas de mejora de la participación política forman parte de un espíritu crítico que se está instalando en la opinión pública, siendo muchos los españoles (más de dos tercios) que piensan que habría que mejorar el funcionamiento actual de la democracia.

Sin embargo, las demandas específicas de los ciudadanos no siempre van en la misma dirección que algunos de los debates que se están alentando. Por ejemplo, cuando se pregunta por las posibles medidas concretas que les gustaría que se tomasen para mejorar el funcionamiento de la democracia en países como España, se mencionan básicamente dos grandes tipos de propuestas: por un lado, las que garanticen la honradez en el ejercicio de la vida política y la eliminación de los políticos corruptos (42,7%) y, por otro lado, incluso con mayor intensidad, se proponen diversas medidas que permitan dar más poder directo a los electores, con más mecanismos de participación directa (20,5%), con referéndums y consultas en asuntos importantes (15,6%), con mayor atención a la opinión de los ciudadanos (16,5%), promoviendo el diálogo y el debate público (9,9%), etc.

Es decir, lo que las Investigaciones del GETS permiten constatar en esta perspectiva es que los españoles demandan ?amén de una mayor honradez, que a los representantes públicos se les debiera suponer, como a los militares el valor? es poder contar más directamente. En esto consiste el gran reto del perfeccionamiento de la democracia: en avanzar en procedimientos claros e institucionalizados de democracia participativa. Eso es lo que demandan los ciudadanos maduros, que no lo quieren fiar todo a estructuras de intermediación pasivas y desean votar en referéndums y consultas, poder decidir directamente sobre diversas cuestiones, poder disponer de mecanismos revocatorios rigurosos que permitan expulsar a los políticos corruptos y cesar a los que engañen e incumplan sus promesas electorales.

En segundo lugar, junto a este gran bloque de reivindicaciones y propuestas, existe también una fuerte demanda orientada a garantizar las condiciones sociales y económicas en las que discurre la vida política. En tal sentido se reclama que los poderes económicos no controlen la vida política (10%), que exista más transparencia en la financiación de los partidos políticos (10,1%) y que se garanticen las condiciones de “igualdad social” y “las políticas sociales” (9,9%). Es decir, un conjunto de condiciones que algunos teóricos como Marshall calificaron en su día como la “ciudadanía social”, como garantía para un ejercicio más libre y autónomo de la “ciudadanía política”, que posibilita el derecho a elegir y ser elegido.

En tercer lugar, y a bastante distancia de todo lo anterior, los encuestados mencionan diversas cuestiones de carácter instrumental, como “que los partidos políticos hagan elecciones primarias para elegir candidatos” (4,1%), o que se cambie o modifique la Constitución actual (8,2%), o que se establezcan listas abiertas en las elecciones (8%), o que se potencie el papel del Senado como cámara territorial (0,9%), o que se transfieran más competencias a las Comunidades Autónomas (1,7%).

El contraste existente entre el escaso eco de este último tipo de propuestas y algunos de los debates que son especialmente destacados en los medios de comunicación social plantea dos cuestiones: por un lado, la posibilidad de un riesgo de dualización política de los discursos, con progresivo alejamiento de los medios y de los partidos del verdadero sentir ciudadano; y, por otro lado, indican que a veces no se está entendiendo bien lo que muchos ciudadanos desean en estos momentos de cara a la mejora de la calidad de la democracia. Como algunos venimos insistiendo desde hace años, si no se comprende que estamos ante el fin de un modelo de ciudadanía pasiva, resignada y delegatoria, propia de otras etapas de la evolución política, nos podremos ver abocados a un período de dualizaciones, de distanciamientos políticos y de eventuales tensiones y conflictos en cadenados.

En el caso de algunos partidos políticos, los riesgos de introspección orgánica y de dualidad perceptiva pueden ser aún mayores. Por ejemplo, la idea de elecciones primarias, que tanta atención suscita solo es referida por un 3,9% de los votantes socialistas, menos aún que la media total (4,1%). En cambio, estos votantes reclaman, en mayor grado que la media, otras posibles medidas consultivas de fondo y de democracia participativa.

¿Se está entendiendo bien todo esto? ¿Se conocen realmente ?y se atienden? las principales demandas de la mayoría de los ciudadanos?