Tampoco es de extrañar la actitud de menosprecio que tienen las elites económicas de España, cuando están viendo a los ciudadanos protestar en el mismo instante que una junta de accionistas aprueba incentivos de hasta 450 millones de euros para los directivos y un ajuste de plantilla que afectará en torno a 6.000 trabajadores en España. Capitalismo o mercado sin complejos.

¿Y los medios de comunicación y los partidos políticos?. Por una parte, la elite mediática está más en el titular que en el fondo. Entre un discurso que va desde la caverna conservadora que titula la izquierda radical tras las protestas de los indignados, los antisistemas tomas las calles, hasta un discurso seudo paternalista de lo bueno que es que la gente se indigne y utilice la libertad de expresión y reunión para protestar contra una situación que es injusta. Todo ello, aderezado por unos tertulianos que ante la falta de estudio del problema, tienen en los partidos políticos al culpable de todos los males.

Por otra parte, los partidos políticos, en plena campaña electoral, se encuentran entre el paso cambiado y la histeria de la derecha que pretende criminalizar todo movimiento ciudadano, desde el temor de que pueda tener repercusión en las elecciones municipales y autonómicas, pero fundamentalmente en unas elecciones generales donde pretenden ganar desde la apatía del electorado, con el insulto y ocultando su credo neoliberal.

Pero la cuestión de fondo, que muchos no quieren vez, es clara, los ciudadanos en general, y en particular los jóvenes, se sienten estafados con una sociedad donde ellos han cumplido con sus obligaciones de portarse bien y estudiar, pero a cambio no han tenido respuestas, ni oportunidades para poder emprender un proyecto de vida digno, con independencia y libertad. Un ejemplo ilustrativo y dramático, SOLO EL 25% DE LOS MENOS DE 35 AÑOS EN ESPAÑA TIENE UN EMPLEO RAZONABLE.

Nos encontramos con la constatación de que la Humanidad cada vez concentra la riqueza en unas pocas manos, mientras las desigualdades cada vez son más amplias. Pero algo más obvio, que nos han querido ocultar desde el discurso de derechas, la Humanidad puede progresar o NO. Nada asegura que siempre vayamos a crecer y progresar. Depende de las políticas que se apliquen.

En este punto, creo que el contrato social, que surge tras la segunda guerra mundial, donde se trasformo el capitalismo para que los trabajadores tuvieran condiciones de trabajo y vida dignas, a través de la universalización de derechos, ha quebrado, como consecuencia de los treinta años de neoliberalismo y de la globalización sin gobierno que estamos sufriendo.

Se confunden los que creen que la quiebra del Estado de bienestar va a ser asumida en silencio por la población. Les animo a releer la historia del XIX y el XX. Solo se aceptará el orden establecido si los derechos dejan de ser un privilegio y se convierten en algo real y efectivo en la vida de todos los ciudadanos. Y esto solo es posible desde la elección y la presión democrática.

Hay que avanzar desde una democracia representativa a una democracia participativa. La representación, que no era un fin en sí mismo, sino el medio para que los trabajadores tuvieran representación y decisión en los parlamentos con el fin de cambiar las leyes y mejorar sus vidas, tiene que convivir, cada vez más, con la participación continua de los ciudadanos en todos los niveles. Con esto no estoy hablando solo de presupuestos participativos, hablo de deliberación, decisión y participación en el desarrollo de las políticas.

Muchos se preguntan cuanto va a durar este movimiento, creo que ya es imparable, tendrá altibajos, aparecerá y desaparecerá en los medios de comunicación y en las plazas, pero no desaparecerá porque es necesario conseguir otro contrato social para el siglo XXI. Un contrato, que consiste en más democracia para acabar con la era de las desigualdades en la que estamos inmersos.

La desigualdad diminuye con la redistribución de la riqueza y para que ésta se realice en una economía globalizada, donde reina la plutocracia, es imprescindible una democracia global que acabe con el gobierno de las elites del poder.

Los ciudadanos han identificado a los culpables. Ahora toca resolver los problemas. Con los ciudadanos sí, pero también con unos partidos políticos y unos sindicatos más abiertos a la sociedad.