Las políticas económicas que está imponiendo Alemania a la Unión Europea, para supuestamente salir de la crisis, nos están hundiendo más en ella. Es dramático ver cómo se está condenando a la miseria y a la pobreza a millones de personas, y, al mismo tiempo, contemplar a unos gobernantes que actúan al dictado de las élites económicas.

Qué más tiene que suceder para que se produzca un cambio.

• En el año 2012, según la Organización del Trabajo (OIT),uno decada tres trabajadores en el mundo está desempleado o es pobre. Es decir, que de una fuerza de trabajo de 3.300 millones de integrantes, 200 millones están desempleados, y otros 900 millones viven con su familia con ingresos inferiores al umbral de pobreza de dos dólares de los Estados Unidos por día.

• A nivel mundial, se estima en 1.520 millones el número de trabajadores en situación de vulnerabilidad en el empleo en 2011, un incremento de 136 millones desde 2000, y de casi 23 millones desde 2009.

• En los próximos diez años se incorporarán 400 millones de personas a la fuerza de trabajo. Lo que significa que se necesitarán 400 millones de nuevos puestos, sólo para evitar un nuevo incremento del desempleo mundial.

• En 2011, 74,8 millones de jóvenes en edades comprendidas entre los 15 y los 24 años estaban desempleados, 4 millones más que en 2007. A escala mundial, los jóvenes tienen casi tres veces más probabilidades de estar desempleados que los adultos. Además, se estima que 6,4 millones de jóvenes han perdido las esperanzas de encontrar trabajo y se han apartado del mercado de trabajo por completo.

• En la Unión Europea, hay más de 45 millones de personas desempleadas y millones de ellas sin protección.

Lo que tiene que suceder es que los Gobiernos reaccionen o hacerles reaccionar. Es decisivo que se comprometan con la protección social y el poder adquisitivo de sus ciudadanos.

Varios son los métodos que se pueden emplear. El primero, si hay elecciones, es decantarse por los candidatos que se vayan a ocupar y preocupar de las necesidades presentes y futuras de los ciudadanos, como acaba de suceder recientemente en Francia con la elección, como presidente de la República, de François Hollande. Lo segundo, es producir una reacción social generalizada que considere el empleo un bien social y no una mercancía, y que logre con su movilización establecer una ciudadanía igual en derechos y oportunidades en la vida cotidiana.

Ese tiene que ser el camino, sin olvidar derribar, de nuevo, el muro de Berlín que nos oprime.