En muy poco tiempo el Partido Popular, al que votaron muchos españoles pensando que su propaganda de creación de empleo era cierta y toda la culpa era del malvado Zapatero, ha pasado de obtener una mayoría absoluta a enrocarse en unas políticas de austeridad que, además de parados, está provocando el cuestionamiento de muchas de las estructuras de representación por un número cada vez mayor de personas.

Los ciudadanos piensan, y no sin razón, que para que quiere a “los políticos” si no solo no les resuelven sus problemas sino que se los agravan. La gente se siente engañada. Hasta tal punto, que a un 82,1 por ciento de los españoles el Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, le inspira poca o ninguna confianza. Y frente a las declaraciones del Gobierno de que la economía va a mejor, un 90,8 por ciento califica la situación económica general de España como mala y muy mala. Y un 65,9 por ciento de la población cree que es peor que hace un año.

Parece obvio, pero hay que repetirlo más que nunca: un Gobierno tiene que realizar su labor, desde el interés general, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de la población. Pero, ¿qué ocurre cuando no lo hace? Que puede escuchar a los ciudadanos y rectificar. O por el contrario, puede despreciar cualquier reivindicación justa, y emprender una huida hacia adelante con el único objetivo de mantener los privilegios de una élite económica.

Lamentablemente, Rajoy ha tomado la segunda opción y sigue a rajatabla la máxima de La Rochefoucauld cuando decía que “todos tenemos suficientes fuerzas para soportar los males ajenos”. Lo grave es que este Gobierno no solo soporta los ajenos, sino que los crea y agudiza.

En este punto, se puede caer en la pesadumbre, en la resignación o reaccionar. Me decanto por la última de las opciones. Hay que reaccionar, desde el conocimiento de la realidad, pero con utopía y voluntad política en sentido amplio para cambiar las cosas. Sí, es cierto:

• Un 40,2 por ciento de los españoles opina que dentro de un año la situación económica del país será peor que ahora.

• Un 77,4 por ciento califica la situación política general de España, cómo mala o muy mala. Y además para un 47,5 por ciento es igual que hace un año, y para un 42,6 por ciento peor.

• Los principales problemas que existen actualmente en España son primero el paro, para un 80,9 por ciento de los ciudadanos; los problemas de índole económica para un 38,9 por ciento; los políticos en general, los partidos políticos y la política para 30,2 por ciento; la corrupción y el fraude para un 17,7 por ciento; y la sanidad para un 12,1 por ciento.

Pues desde esta realidad, y frente al discurso tremendista y unidireccional del Gobierno, cambiemos la agenda política y sus prioridades. ¿Cómo? Con la fuerza de la ciudadanía, con la fuerza de la movilización, con la participación masiva, tanto en las formas de participación convencionales como desde en las no convencionales. ¿Con qué objetivos? avanzar en igualdad, libertad y justicia social. La única manera de avanzar en democracia.

El poder económico, que no es democrático, es muy poderoso pero los ciudadanos unidos, movilizados y votando lo son más.