La opción palo/amenaza es una estrategia avalada científicamente. Trasformar las incertidumbres Knightianas en riesgos concretos, medibles, ha sido una de las esencias del control social y cultural. Ya sea el SIDA o la ceguera posmasturbatoria. La incertidumbre, falta de esperanzas, invita a la abstención y el castigo electoral. El riesgo, ante amenazas concretas, moviliza. Que se lo cuenten a Bush hijo o Thatcher madre. Transformar un mar de incertidumbres en un estanque de riesgos es una de las estrategias padre del PP, para alegrar su huerta electoral.

Cataluña, es un doble ejemplo de esperanza y amenaza. Como las muñecas rusas, internamente han mutado las incertidumbres cotidianas (desempleo, desmantelamiento del Estado de Bienestar, corrupción galopante, etc.) en una cuestión de ilusión “nacional”: la esperanza de la independencia. Eso lo resolverá todo. El resto de España vuelve a los 70 y una Cataluña triunfante marcha, ya sin lastres, hacia un futuro donde todos hablarán inglés, bailarán la sardana y no habrá enfermedades, explotación o dolor. Será en esa Shangri-La donde recobrarán el horizonte perdido tras la guerra civil. Ese movimiento utópico de un partido catalanista conservador de derechas facilita al otro gobierno español conservador de derechas (de aquí, de Madrid) ese punto que reclamaba Arquímedes para poder mover el mundo. “Dadme un punto de apoyo y moveré…” al electorado conservador y algo más. Es una estrategia arriesgada para los demócratas, pero con la que la derecha más familiar (y no solamente la de Colón) se encuentra a gusto. Al fin y al cabo, suyo es el poder y la gloria sobre estas tierras: militar, económico, judicial y eclesiástico.

A esa estrategia de envolvimiento mediático le ha salido un grano. Bueno. Más bien toda una pubertad. En Madrid, González (su González) dice que está “h-ático”, que ya no lo “Be” y a falta de lo ajeno quiere lo suyo. Lo de aquí, de Madrid. Fabra y otros muchos también ladran a falta de ladrillo. Aclaro. Ladrillo sobra. Lo que falta es ladrillo colocado. Anda, vaya lío. En esta versión de “con togas y a lo loco”, muchos políticos del PP se han travestido en oposición al PP, pero por el PP y con el PP. Nadie es perfecto. Dejando atrás la topografía y adentrándonos en la tipografía, más de lo mismo.

Para compensar esa intuición ancestral que posee todo conservador de derechas: en caso de problemas saca la patria y pon los derechos a remojar (de ahí el cañón de agua), Gallardón la ha vuelto a meter doblada (la pata; también llamada pierna en las personas; también llamados bípedos racionales. Todo ello sin ofender a los cojos, ya sea de pierna, de raciocinio o de ambos, con lo que volvemos al caso que nos ocupa). A finales de los 70 y ya en los 80, AP era una Alianza que propugnaba terminar con la Constitución y volver a lo “Fundamental”. Qué era lo Fundamental para Fraga, además de la buena cocina, está en la crónica negra de España. Gallardón, que tiene a gala ser su hijo putativo y heredero ideológico, retoma la faena nacional donde Fraga lo dejó, para dedicarse (solo en apariencia) a los gaiteros.

AP era un partido de extrema derecha, con más ambición que cuerpo electoral. Y sobre ese granito de granito (roca ígnea plutónica) se desarrolló esa perla que es el PP. La posición ideológica (1 izquierda y 10 derecha) de su imagen de partido (como PP), tras refundirse más que refundarse, estaba en torno al 8. Hacia la derecha y más allá. Le costó a Aznar (visto el personaje con la perspectiva de sus dichos y hechos) alguna que otra mala digestión hacerse imagen de hombre de centro, ideológicamente semidesnatado. Varios golpes de efecto, como suprimir la pesadilla del servicio militar (unos meses después de que Narcis Serra jurara, y perjurara, que era imposible), o unos toques sobre las pensiones no contributivas, le hicieron un hombre centrado de centro. Su imagen ideológica, qué tiempos aquellos del 96-00, llegó a estar en el 6,5 y menos. Con un Aznar ya semidesnatado, aquello fue la leche. Se hicieron con casi toda la nebulosa de votantes centristas. El electorado del PP se vertebró sobre un líder moderado y un partido de derechas. Con ello lograron un imperio electoral tan grande, que cabían enteras las piernas de Norma Duval. Y calzadas con tacón alto.

¿Y ahora? Va Fraga-Gallardón, o lo que es lo mismo, los “non plus ultra” del PP y parten a su electorado por el eje. Me refiero al centro-centro derecha. En mal momento para ellos, dado que el fantasma del CDS, ahora llamado UPyD, acampaña por los alrededores. Pueden verlo como quieran o como es, pero Rosa Díez, ex socialista de posta y postín (fue a primarias), es ahora ínclita centrista y futura media punta en la derecha. Su manual de estrategia política se basa en el denominado “Canon de perfil” del antiguo Egipto. Por eso en el Parlamento se queda con frecuencia mirando al mar. No crean que es nostalgia de Rosa por el puño. Excepto cuando se trata de España. En eso es frontal cariátide. Mira, qué curioso, como Tejero. El electorado “pepero” se desangra por sus centros, que cantaría cualquier flamenca. Rajoy, apoyando la ley sobre la interrupción del embarazo de Fraga, perdón, de Gallardón, ha cometido un grave error. Más grave y profundo de lo que piensan. Está rompiendo unos puentes que costó diez años construir. Y que no se fíen de las calles. En este asunto, son millones de personas las que se manifiestan en solitario.

En resumen. El PP espera que la campana le salve en el último segundo. Es decir, que Mas, Urkullu o una horda de africanos tristes les permita tocar la campana de arrebato emocional (enemigos en las puertas de la ciudad) y salir por peteneras y olé. Esta estrategia tiene como principal debilidad que depende de las tonterías y de los problemas de corrupción de los demás. Olvidaba que esto es política de la nuestra. Corrijo. Esta estrategia tiene como principal ventaja que solamente depende de las tonterías y de la corrupción de los demás. Faltó un pelo de Kojak para que el PSC, con las prisas de estar en la “inminente” independencia catalana, se olvidara de los donuts y la cartera. Otras ventajas: es una estrategia de impacto, ejecutable en breve período de tiempo, es constitucional y, sobre todo, que se puede determinar la intensidad y agenda de respuesta a este nuevo “episodio nacional”. Un auténtico “golpe de efecto” electoral. En el ínterin, se hacen unos “pololos” con los derechos y libertades y juegan al escondite con el poder judicial. Total, nadie les echará cuentas de cómo se las están gastando. ¡Y cómo me gustaría equivocarme! Como siempre o por primera vez.