Algunas de las perlas lanzadas a la opinión pública como “Trabajar más y cobrar menos” nos dan muestra del nivel existente en este aspecto, ha habido otras (en el ámbito de la Unión Europea) del tipo de ampliar el número de horas laborales semanales, ampliación de años y periodo de cotización para la jubilación, etc. etc.

Y ahora se ha lanzado con toda contundencia por parte de representantes de la banca y la empresa una posibilidad para “motivar a los funcionaros” mediante el despido de este tipo de trabajadores.

Pues resulta que esto ya es antiguo. En España ya existía en el siglo XIX algo semejante y consistía básicamente en que cuando se producía un cambio de gobierno, se despedía a muchos funcionarios para que se incorporaran los del nuevo color político.

Básicamente esta propuesta es un órdago en toda regla a nuestra Administración Pública, pero también a la sociedad en su conjunto, y especialmente a las clases medias.

El que actualmente los funcionarios disfruten de un trabajo sin posibilidad de despido cumple, como poco, tres funciones esenciales en nuestra sociedad española.

En primer lugar apoya y vigila el cumplimiento de la legalidad existente, ya que establece una independencia del trabajador respecto a su Jefe, al político que en ese momento ejerce sus funciones. Esto es una garantía respecto del funcionario, para denunciar cualquier anomalía, irregularidad, ilegalidad, ejercitada por el Alcalde, Consejero, etc. etc. ¿O alguien piensa que si el Alcalde, etc. tiene libertad para despedir al funcionario, éste va a realizar cualquier acción que ponga en apuros a su Alcalde-Empresario?

En segundo lugar, los funcionarios precisamente por su estabilidad laboral, desempeñan en toda sociedad, y más especialmente en una economía en crisis, un sector de población que puede seguir consumiendo, realizando compras de automóviles, viviendas, etc., puesto que su sueldo (mucho o poco) tiene una garantía de continuidad. Esto es positivo tanto para el desarrollo económico, como para el sector bancario a la hora de realizar préstamos e hipotecas con garantías de devolución.

Y en tercer lugar, y no menos importante que las anteriores, representa un sector de población ajeno al mercado laboral controlado por el capital privado. Se trata de clase media, y con ello todas las características que se atribuyen a la misma.

Por lo tanto si esta idea llegasen a cuajar y se llevase a la práctica estos tres aspectos que actualmente cumplen los funcionarios y trabajadores públicos de este país darían paso a un sistema de poder más propicio para la corrupción, de precarización económica y laboral de varios millones de trabajadores, y un zarpazo profundo por parte de los mentores que ansían, cada vez de forma más descarada, un desguace del Estado de Bienestar.

En aras de la todopoderosa productividad, reducción del déficit y competitividad económica, estamos asistiendo, algunos atónitos, otros conformados, y otros muchos apáticos e incluso aplaudiendo medidas de este tipo encaminadas a una pérdida progresiva de derechos, de garantías, ganadas por los ciudadanos europeos durante siglos con sangre, sudor y lágrimas. Se trata de que los trabajadores de los países emergentes, como por ejemplo China, logren niveles de derechos sindicales, laborales, de jubilación, semejantes a los europeos. Pero aquí, en Europa, justamente se están dando los pasos contrarios, es decir, para competir, para ganar en productividad, los trabajadores europeos tienen que Chinacizarse, precarizarse, es decir abundante mano de obra dispuesta a trabajar con contratos basura y salarios mileuristas en el mejor de los casos.

Los sectores políticos progresistas, agentes sociales, intelectuales, clases medias, trabajadores, o somos conscientes de lo que aquí nos estamos jugando y actuamos en consecuencia, o en menos tiempo del que pensamos el desarrollo y los derechos laborales, sociales, alcanzados pueden retroceder hasta quien sabe que niveles de tiempos pasados, o como mínimo que se consiga intimidar y atemorizar con futuros despidos y cambios laborales drásticos a amplios sectores de este país.