En particular, tanto el PP como el PSOE pierden votos en números absolutos respecto a las últimas elecciones celebradas en ambas Comunidades Autónomas. En concreto, el PP ha perdido en esta ocasión el apoyo de más de cuatrocientas mil personas que votaron por este partido en las últimas elecciones generales en Andalucía, al tiempo que el PSOE pierde también el apoyo de setenta y siete mil andaluces que le respaldaron hace sólo unos pocos meses y más de seiscientos cincuenta mil que le votaron en las últimas elecciones autonómicas (un 30% de su electorado anterior).

En Asturias ocurre algo similar, siendo relevantes las pérdidas experimentadas en términos absolutos respecto a los comicios autonómicos celebrados en 2011. El PP pierde más de cien mil votos de los obtenidos en las elecciones generales y el PSOE pierde en torno a veinte mil votos respecto a las últimas elecciones generales y autonómicas (entre el 13% y el 11% de sus votos).

Los porcentajes finales de voto de los partidos no debieran, pues, llevar a perder de vista esta tendencia subyacente de desafección política general que, obviamente, se relaciona con la forma en la que se está gestionando la crisis y con la poca fiabilidad que merecen para algunos las promesas electorales y las representaciones políticas, que permanecen demasiado ancladas en un pasado que no es especialmente bien valorado y que requeriría actualizaciones más sustanciales y más susceptibles de merecer credibilidad.

Los pobres resultados del PSOE en Andalucía revelan que las cosas no se han estado haciendo de la debida forma en esta Comunidad en los últimos años. Lo cual se nota, entre otras cosas, en retrocesos significativos y en desplazamientos del voto progresista hacia otras formaciones políticas. El ascenso de IU, que dobla sus escaños en Andalucía, es bastante expresivo en este sentido. Habrá que esperar, no obstante, que este voto progresista desplazado a IU sirva en esta ocasión para apoyar una alternativa de izquierdas en Andalucía, y no vaya a parar otra vez, como ya ocurrió en Extremadura, a posibilitar una opción tan conservadora y regresiva como la que representa el PP en estos momentos.

En Asturias el PSOE obtiene unos resultados más continuistas. Pero también allí crece IU, en un contexto general que apunta hacia una cierta crisis de credibilidad de la identidad de izquierdas del PSOE, al que le va a costar superar los problemas de la última etapa de gobierno de Rodríguez Zapatero, sobre todo si no se hace algo suficientemente sustantivo para intentarlo.

En definitiva, el balance de las elecciones implica, por un lado, un cierto desgaste de las posiciones más conservadoras en España, cuyos avances en Andalucía no son el resultado de unas ganancias netas de apoyos por parte del PP, sino el reflejo inverso de las deserciones y abandonos que se dan entre el electorado del PSOE. Los equilibrios alcanzados y las posibilidades de una alianza de izquierdas en Andalucía, por lo tanto, no debieran llevar a perder de vista esta situación de base, que no hace sino evidenciar la necesidad de que el PSOE emprenda de verdad una nueva etapa, que sea congruente y creíble y que contribuya a frenar algunas de las tendencias que se constatan hacia una desafección política por parte de muchos ciudadanos, que con su silencio y retraimiento contribuyen a que en España se mantenga una hegemonía excesiva y descompensada de las fuerzas más conservadoras.

La frustración final de las expectativas de voto que adelantaban los sondeos pre-electorales revelan que las medidas duras y regresivas del PP están empezando a pasar factura y que en muy poco tiempo una parte de sus apoyos se están empezando a volatilizar.

Por lo demás, los fallos predictivos de las encuestas (algunos notables) indican que algo no se está haciendo bien últimamente en los estudios demoscópicos en España. Lo cual en determinados casos, como el CIS, en los que se utilizan recursos públicos muy cuantiosos, es algo incomprensible.

Ahora empieza, pues, una nueva etapa de acuerdos políticos, en la que habrá que ver cómo se articulan las coaliciones necesarias y factibles y se empieza a dar cuerpo a la nueva inflexión política del electorado que se ha apuntado en estos comicios.