No debe perderse de vista que muchos trabajadores piensan que este no era precisamente el mejor momento para realizar una huelga general; y menos a un gobierno del PSOE. Las huelgas generales siempre producen roces y generan malestares. A lo cual se unen unos costes económicos que no son buenos para la actual situación de España, al tiempo que se transmite una imagen negativa hacia el exterior de falta de entendimiento. Algo que es imprescindible para salir de la actual crisis económica.

Por eso, a la hora de evaluar el impacto real de la huelga no deben obviarse ni sus efectos económicos generales inmediatos y a corto plazo –que no son ni serán buenos–, ni los elementos latentes que concurren en ella, especialmente los componentes de malestar existentes entre bastantes trabajadores y una parte importante de la opinión pública. Malestar del que participan muchos de los que no apoyaron la huelga, por considerarla inoportuna y un tanto injusta para el Gobierno actual, que obviamente no es el único –ni el último– responsable de algunas de las medidas y recortes que están generando este tipo de desencuentros.

De ahí que lo importante en estos momentos sea proceder con altura de miras y con una perspectiva a medio plazo. El coste de la huelga general ya está causado y la imagen de falta de entendimiento ya está transmitida, con los consiguientes riesgos de fragilidad. Por eso, lo que procede en estos momentos no es tanto analizar y ponderar si había suficientes razones para la convocatoria o si se evaluaron todos sus posibles efectos, sino que ahora hay que ponerse a trabajar para recomponer un entendimiento que es de todo punto imprescindible, y cuya ausencia generaría nuevos costes para todos, especialmente para los Sindicatos y los sectores que representan más directamente.

Para los que siempre hemos defendido la conveniencia de un mayor grado de entendimiento entre los Sindicatos y el Gobierno –especialmente un gobierno del PSOE– está quedando claro que el precio de una falta de entendimiento y de una política de recortes sociales casi siempre acaba siendo mayor que los costes presupuestarios de un programa de orientación más social. Lamentablemente, en España parece que estamos asistiendo a un proceso de esta naturaleza que, si no se remedia, acabará afectando a las mismas posibilidades de salida de la crisis. Sobre todo, de una salida que pueda producirse sin grandes heridas y que nos lleve hacia una sociedad más y mejor cohesionada e integrada, con oportunidades razonables de empleo y de calidad de vida.

Aquellos que sostienen que “para hacer tortillas primero hay que estar dispuestos a romper huevos” harían bien en entender que lo primordial es preservar los objetivos constructivos en positivo y que, en el caso que nos ocupa, lo primero es posibilitar una recuperación económica que amplíe el bienestar y no que lo reduzca; y que, cuando se empieza a “romper huevos”, hay que asumir que todo el mundo se puede poner a esta dichosa tarea, de forma que, al final, nos podemos encontrar con muchos huevos rotos y menos tortilla que repartir.

De momento, los Sindicatos han querido demostrar que están ahí y que es necesario contar con ellos. ¿Hasta qué punto se han fortalecido y dinamizado con la huelga general? En esto seguro que habrá opiniones y valoraciones para todos los gustos. Pero, en cualquier caso, en lo que todos deberíamos coincidir es que en una sociedad moderna y avanzada el papel de los sindicatos es imprescindible para mantener y hacer avanzar unos equilibrios sociales y laborales, cuya quiebra conduciría a unos retrocesos lamentables, tanto en términos de derechos y oportunidades personales, como en términos económicos efectivos a medio plazo.

Por todo esto, precisamente, es por lo que hay que convenir que, más allá de la huelga general, los Sindicatos y el gobierno actual están destinados a entenderse. Y cuanto antes se comprenda tal necesidad mejor será para todos, especialmente para la economía española.