Ante esta situación, surge la clásica pregunta. ¿Quién es el culpable? Aquí, como siempre, hay división de opiniones. Para unos, serán los Gobiernos, que prometen determinadas acciones para poder acceder al poder y luego, cuando llegan, se olvidan y las incumplen sistemáticamente. Para otros, unos ciudadanos que, según dicen desde el poder, están confundidos.

Para poder saber quién tiene razón hay que superar las filias y las fobias, y conocer lo que está sucediendo en la sociedad para poder cambiarla. ¿Y qué sucede? ¿Hay desconfianza en la política? ¿Cuánta? ¿Los ciudadanos saben lo que quieren? ¿Participan todos o solo unos pocos?

La desconfianza en los políticos en general, en los partidos políticos y en la política sigue incrementándose, como queda constatado en distintas encuestas, y en los barómetros que mes a mes realiza el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), donde desde finales del año 2009 son considerados el tercer problema de España. Destacando, además que el porcentaje de ciudadanos que tienen esa opinión ha pasado del 13,6 por ciento en 2009 al 30,2 en enero de 2013.

Semejante realidad, junto con los insuficientes desarrollos democráticos en amplios espacios de la sociedad como el económico, pueden poner en cuestionamiento el sistema de representación y, con ello, la propia democracia. Por ese motivo, es preciso de manera serena, estudiada y rápida ir introduciendo avances democráticos que permitan incrementar la igualdad, superando el capitalismo financiero global, y yendo a un nuevo concepto de ciudadanía, donde los derechos que actualmente aparecen en las Constituciones y las leyes se hagan efectivos en las vidas de las personas.

El panorama es complicado, pero las sociedades democráticas ya se han enfrentado antes a estos retos. Y solo cuando se ha profundizado en igualdad, ya sea política, social o económica, se ha consolidado la democracia por muchas más generaciones.

Lo que hay que evitar es que por voluntarismo, por tener protagonismo mediático o por interés se pretenda generar un frankenstein democrático que lleve al fracaso general del sistema. Me refiero a proponer quitar o poner instituciones a la ligera, reformar las leyes electorales sin estudio y bajo premisas falsas, o pensar que los ciudadanos están confundidos aunque se movilizan mucho, y por eso hay que hacer tal o cual cosa pero despacio.

Para dar respuestas hay que saber primero lo que ocurre, más allá de los deseos, de lo que nos guste o disguste, y de lo que aparece en los medios de comunicación. ¿Y qué ocurre?

1.- El interés por la política en España es bajo. Cuando se pregunta a los ciudadanos sobre su interés por las cuestiones políticas, seis de cada diez ciudadanos se declaran poco o nada interesados. Esta es la realidad, aunque se está produciendo un ligero aumento del interés de la población, especialmente de los sectores que menos se interesaban, como se observa en el movimiento cívico ciudadano 15-M que ha ocupado las plazas de muchas ciudades de España, en las denominadas “mareas”, es decir, manifestaciones ciudadanas ante los recortes que se están produciendo en derechos como la Educación, la Sanidad, los Servicios Sociales; y en las plataformas ciudadanas ante problemas como los desahucios o la estafa de las preferentes.

2.- El grado de interés de los ciudadanos por la política sitúa nuevamente a España a la cola de Europa en interés por la política, solo por delante de la República Checa y Portugal, como se analiza en la quinta Encuesta Social Europea. Un dato, que contrasta con países como el Reino Unido, Alemania, Suiza, Suecia, Países Bajos y Dinamarca donde más de la mitad de la población está bastante o muy interesada en la política. Destacando Dinamarca, con un porcentaje del 69,7 por ciento.

3.- El interés o desinterés sobre las cuestiones políticas no es homogéneo dentro de la sociedad, y es más fácil para unas personas que para otras participar.

4.- Los ciudadanos saben lo que quieren. Más del 56 por ciento de la población demanda que las prioridades políticas vayan dirigidas a aumentar la igualdad en la sociedad. Y para ello, más de un 65 por ciento quieren que el Estado intervenga más en la economía.

5.- Los Gobiernos actúan al dictado de los poderes económicos no democráticos, y en la agenda tienen más en consideración a la minoría de la población que participa. Es decir, los deseos y anhelos de la mayoría de la población no son tenidos en consideración.

6.- Los ciudadanos tienen opiniones claras a la hora de mejorar la democracia. Cuando se les pregunta cómo mejorar la democracia, dicen que con más honradez, más participación, más diálogo, con más transparencia en la financiación de los partidos políticos y con más igualdad.

Por tanto, ante la crisis institucional, social y económica que padecemos solo hay un camino para la reconciliación: AVANZAR EN DEMOCRACIA. Lo demás, provocará crisis, cada vez más rápidas y severas, que terminarán con el sistema democrático, dando paso a una oligarquía que hasta ahora está encubierta.