Las alharacas del Gobierno suponen un ejercicio de autojustificación y autopropaganda absolutamente deleznables tras cerca de tres años de recortes de derechos cívicos fundamentales y de prestaciones básicas para la dignidad de las familias españolas. La recuperación de los números positivos en el PIB, raquíticos aún, tiene más que ver con la evolución económica general que con la gestión gubernativa en España. Sin embargo, la ralentización de ese crecimiento y las condiciones de precariedad extrema con que millones de españoles saldrán de la crisis económica sí es responsabilidad directa de Rajoy y sus ministros.

La Encuesta de Población Activa (EPA) no es más que eso: una encuesta. La significación de sus resultados debe medirse tras atender a la literalidad de la pregunta que se formula a los encuestados: ¿Durante la última semana ha ejercicio usted algún tipo de trabajo, por cuenta propia o ajena, durante una hora al menos, retribuido con dinero, en especie o de cualquier otra manera o, en caso de haber perdido su empleo, tiene usted expectativas de recuperarlo pronto? Tachar de la lista de desempleados a todas las personas que respondan positivamente a esta pregunta no es más que un ejercicio de autoengaño. Cualquier chaval que haya lavado el coche de un vecino por dos euros o un par de cervezas habrá contribuido a la jactancia de Rajoy y su troupe, involuntariamente claro.

Por desgracia, no hay motivos para celebración alguna en nuestro país. La realidad de nuestro paro, de nuestra desigualdad y de nuestra pobreza resulta tan extraordinariamente grave que debería invitar a un plan de emergencia nacional antes que a una fiesta con cánticos y fanfarrias populares.

Según estos datos oficiales tan cuestionables, aún tenemos más de 5,6 millones de desempleados, un 24,5% de la población activa, el porcentaje más alto de la Unión Europea, con picos por encima del 53% entre los más jóvenes. Cerca de 1,9 millones de familias tienen a todos sus integrantes en el paro y 740.000 familias no reciben ningún ingreso, un 2% más que hace un año. La tasa de cobertura social al desempleo ha descendido en dos años del 70% al 57%, es decir, más del 40% de los parados no recibe ayuda oficial alguna. ¿Cómo puede mostrarse eufórico el presidente del Gobierno de un país con estos datos?

La realidad es que la reforma laboral de este Gobierno ha provocado una devaluación de tal envergadura en los salarios y en las condiciones de trabajo, que hoy tenemos muchos trabajadores pobres. Personas que trabajan con contratos temporales, a tiempo parcial, en el subempleo y la economía sumergida, durante diez horas al día, por quinientos euros al mes, y que no consiguen cubrir los gastos más elementales de su familia: vivienda, comida, vestido, luz, gas… ¿Dónde está la fiesta para estas personas?

El libro “En los límites de la pobreza”, de José Félix Tezanos, Hilde Sánchez Morales, Eva Sotomayor y Verónica Díaz, demuestra que los problemas carenciales y los procesos de empobrecimiento en la población española han llegado ya a sectores de las clases medias y trabajadoras que no habían conocido nunca la pobreza. Nuestra tasa de pobreza está cerca de cinco puntos por encima de la zona euro. La evolución de ingresos medios por hogar ha caído en cerca de 3.000 euros anuales desde la crisis. El gasto en protección social sobre PIB se sitúa cinco puntos por debajo de la media de la zona euro. La población española en riesgo de exclusión social ha crecido en cerca de cinco puntos desde 2008. Así es como estamos saliendo de la crisis.

El índice de Gini, que marca los niveles de desigualdad, ha pasado de 0,322 en 2008 a 0,350 en 2012, hemos retrocedido hasta los parámetros de los años ochenta y ya somos el segundo país más desigual de toda Europa tras Letonia. El 20% con más renta multiplica por siete los ingresos del 20% con menos renta, en una proporción que solo multiplicaba por cinco en el año 2007. La tasa de pobreza infantil ha crecido seis puntos en España desde 2005, mientras decrecía en el conjunto de Europa. Y Cáritas atiende hoy a más del doble de personas en situación de emergencia social que al inicio de la crisis (un millón, por cuatrocientas mil). ¿Le cantamos algo al Presidente del Gobierno para amenizarle la fiesta?

La noticia no es el inicio de la fase nueva en el ciclo de crisis-recuperación-crisis-recuperación del modelo económico vigente. La noticia está en que iniciamos esta fase nueva con más pobreza, más desigualdad y menos derechos. Y esta sí es una responsabilidad directa de quienes nos gobiernan.

No estamos para fiestas. Ni mucho menos.