Ahora bien, la espuma del por-qué-no-te-callas y las invectivas de Chávez han ocultado la naturaleza del interesantísimo debate que tuvo lugar en la Cumbre de Chile, reflejando los dos modelos de desarrollo que confrontan en el actual mapa ideológico y sociopolítico de América Latina. El Presidente español, junto a los representantes de Chile, Uruguay y Brasil, lideran la defensa de un modelo de desarrollo de corte socialdemócrata, frente al clásico modelo populista que representan los mandatarios venezolanos, cubanos y nicaragüenses.

El contraste de estos dos modelos de desarrollo se establece en tres planos fundamentales. En primer lugar, la socialdemocracia apuesta por la fortaleza y estabilidad de las instituciones democráticas y el Estado de Derecho, frente a las estructuras caudillistas y la zozobra del imperio de la ley que representa el modelo populista.

En segundo lugar, la experiencia chilena y brasileña demuestran que un crecimiento económico basado en la formación del capital humano, el incremento de la productividad vía I+D+i y la inversión en infraestructuras, resulta más sólido, equilibrado y permanente que un crecimiento fundamentado tan solo en la explotación de recursos naturales y la mano de obra barata.

Y en tercer lugar, la lucha contra la pobreza y la desigualdad resulta más eficaz desde el reconocimiento legal de derechos de ciudadanía y la articulación del estado de bienestar, como procuran los modelos socialistas, que tirando de la chequera mientras dure y hasta donde dure, como suelen hacer los regímenes clientelares.

El Gobierno socialista de España cuenta con el respeto, la credibilidad y el ejemplo precisos en la mayor parte del continente latinoamericano para promover las garantías del modelo socialdemócrata, frente al aventurerismo incierto de los caudillajes que tanta desgracia han ocasionado históricamente en aquella tierra. Esto lo sabe también Chávez. Por eso procuró torcer el normal desarrollo de la Cumbre de Chile con sus insultos y sus bravatas.

Y a todo esto, ¿dónde está la Internacional Socialista? ¿No se creó esta organización precisamente para promover los principios y las políticas socialdemócratas en el conjunto de las naciones? El Presidium de la IS está compuesto en la actualidad por grandes líderes socialistas de todos los continentes: desde su presidente, el griego Papandreu, hasta el alemán Beck, el francés Hollande, el británico Blair, el sueco Persson, el israelí Peretz, el colombiano Serpa, el Presidente de Mozambique Guebuza…

Los grandes debates ideológicos de nuestro tiempo tienen una dimensión que supera el ámbito nacional. La lucha contra el cambio climático, los nuevos modelos energéticos, el reto de las migraciones, el freno al terrorismo integrista, la igualdad entre hombres y mujeres, la erradicación de la pobreza y el analfabetismo… La izquierda ha de afrontar desafíos extraordinarios que requieren de una atalaya transnacional y de un instrumento organizativo internacionalista para generar nuevas respuestas eficaces y movilizadoras.

Es la hora de la Internacional Socialista.