El teatro de contenido político y social está mancando la diferencia en estos momentos en España. La Compañía K. Producciones precisamente se dedica a llevar a las tablas obras que abundan en los problemas sociales y políticos que estamos viviendo.

La obra “Ejecución Hipotecaria” (desde el 30 de enero al 16 de febrero en la Sala Mirador) es un buen ejemplo de este teatro comprometido con los problemas sociales de los ciudadanos, que muerde la actualidad y agita las conciencias de los espectadores.

El argumento es, por desgracia, cotidiano: los integrantes de una comisión judicial se disponen a ejecutar el primer desahucio de la jornada. Un caso más inscrito en la rutina diaria de unos agentes judiciales que se encargan de “ejecutar” para los Bancos los “impagos” producto de una crisis que ellos mismos han provocado. Pero detrás de esos “impagos” hay personas que sufren, personas a las que se arranca la dignidad, igual que se arranca la piel a un pollo: con violencia. Una crisis que se ceba con las personas y las deja en la indigencia y en la pobreza. Pero algo no sale como estaba previsto en esta “Ejecución hipotecaria” y todo se vuelve una auténtica pesadilla.

El autor de la obra, Miguel Ángel Sánchez (habitual guionista de cine y televisión) se topó con una noticia en el periódico que le zarandeó. Una noticia que le sirvió de enganche para escribir esta obra tan cruda, tan intensa y tan real. Y esta obra entra con crudeza en una realidad tan cotidiana en estos momentos, que duele.

Desde mi punto de vista la obra -excepcionalmente interpretada por todos los actores que intervienen en ella y que están muy bien metidos en sus papeles respectivos, especialmente Juan Codina, que lleva el peso de un papel protagonista que proporciona un faluloso cuerpo e intensidad a este drama; Sonia Almarcha, que se mete en la piel de dos personajes antagómicos; y Adolfo Fernández (que además es el director y el productor de la obra)- es una reflexión dolorosa y extrema sobre la violencia. Primero sobre la violencia que se está ejerciendo cotidianamente sobre millones de ciudadanos en esta crisis, condenando a muchos a la pobreza y a la indigencia, una violencia ejercida sin piedad desde los poderes económicos, que son protegidos por poderes políticos y judiciales, que en demasiados casos no están siendo capaces de ver más allá de sus narices y no están reaccionando teniendo en cuenta el valor de la estabilidad de las personas y de la cohesión social que hace falta para que la convivencia sea pacífica. Todo lo contrario. Están actuando como los perros cancerberos de los poderes económicos y de la banca, atizando si medida un fuego de rechazo social que muy bien pudiera convertirse en un auténtico incendio de dimensiones incalculables.

En segundo lugar, la violencia particular, la violencia terrible y desmedida que puede ejercer un solo individuo desquiciado, al que se le ha acorralado como a un animal, arrancándole la oportunidad de continuar con una existencia digna.

Recomiendo esta obra porque se trata de buen teatro comprometido al más puro estilo de Brecht, es un alegato contra la indiferencia y hace pensar.