El acuerdo sobre el programa nuclear con Irán ofrece una solución razonable para uno de los riesgos más desestabilizadores en Oriente Medio, aleja el peligro de otra salida militar en la zona y abre las perspectivas de un nuevo encaje geoestratégico. Estos logros, ventajosos para la mayoría, se convierten precisamente en lo contrario para sus adversarios. Sin entrar en los detalles técnicos del acuerdo, que harían muy largo este comentario, la mayoría de los expertos coinciden en que dos años de negociaciones intensas, extenuantes, han arrojado un resultado convincente.

Obama lo ha defendido con brillantez, primero en una comparecencia pública a la hora del desayuno, el martes 14 de julio, y luego, con notable agudeza en una conversación con el articulista estrella en política exterior del NYT, y judío para más señas, Thomas Friedman (1).

LA ‘CONGELACIÓN’ DEL RIESGO

Un acuerdo que limita severamente el programa nuclear iraní por debajo del umbral militar durante década y media, que restringe el enriquecimiento del uranio por debajo del umbral militar (3,67%), que obliga a sacar del país el uranio enriquecido excedente (98%), que recorta sus instalaciones, que bloquea por ocho años el uso de los reactores de última generación, que amplía a un año el periodo de construcción de la bomba (‘breakout’) en el hipotético caso de incumplimiento del acuerdo, que establece el sistema de verificaciones más rígido de la historia, que establece un embargo comercial de ocho años para los misiles y de cinco para las armas convencionales de Teherán y que contempla la reintroducción rápida de sanciones en caso de trampa no es un mal acuerdo, ni un «error histórico» como se empeña en denunciar el primer ministro israelí.

A lo largo de las negociaciones, los escépticos más neutrales o menos condicionados políticamente, han venido señalando algunas dudas sobre el resultado del proceso. Muchas de las incógnitas han sido resueltas o sus riesgos reducidos. Tanto sobre la capacidad de Irán de volverse atrás como de engañar. Este acuerdo es quizás el mejor de los que podían alcanzarse, como explicó también el Jefe de la diplomacia francesa, Laurent Fabius (2).

Por supuesto, el principal elemento de disputa es que al término del periodo de vigencia del acuerdo, Irán podrá recuperar el programa nuclear. Pero, para entonces, las mismas potencias que ahora han embridado al régimen islámico estarán en mejores condiciones que ahora de seguir impidiendo su conversión en potencia nuclear militar.

LAS CONSECUENCIAS LATERALES DEL ACUERDO

El acuerdo de Viena tiene otras dimensiones laterales. Para empezar, puede alterar el actual equilibrio estratégico en Oriente Medio. Según los enemigos del acuerdo, el levantamiento de las sanciones permitirá al régimen de los ayatollahs recuperar capacidad económica e influencia para desestabilizar la región, reforzando su apoyo a sus aliados tradicionales, la Siria de Assad, Hezbollah, las milicias chiíes de Iraq, los houthis de Yemen, los grupos radicales palestinos, etc. Obama ha prometido seguir vigilando las actividades desestabilizadoras de Teherán, pero sus adversarios no confían demasiado en su firmeza.

Las dudas surgen de algunas urgencias sobre el terreno. Lo insinuaban estos días últimos el negociador jefe iraní y el propio Presidente Rohani. No es que Irán vaya a convertirse de nuevo en amigo de Estados Unidos y Occidente a partir de ahora. Pero el acuerdo remueve algunos obstáculos para ser socio ocasional. Ya lo está siendo, aunque esquinadamente. El apoyo iraní para aniquilar a los extremistas sunníes del Daesh ya resulta muy relevante en Iraq. Sin las milicias chiíes, quién sabe hasta dónde hubieran llegado los extremistas en su avance.

Un profesor de la Universidad Americana de Beirut, próximo a Hezbollah, lo dice con agudeza: «Estados Unidos ha externalizado en Irán la lucha contra el terrorismo», para no poner botas propias sobre el terreno (3). ¿Es esta posibilidad, y no el potencial nuclear de Irán lo que alarma en Israel y en sus protectores norteamericanos más ciegos o interesados?

Otra dimensión del acuerdo es la económica. La eliminación progresiva de las sanciones no sólo constituye una apetitosa oportunidad para China o Rusia, en un momento de tensiones y problemas para sus economías. Las grandes compañías petroleras occidentales no ocultan sus ardientes deseos de hacer negocios muy sustanciosos, porque Irán necesita tecnología e inversiones para recuperar su industria, tanto para ampliar y mejorar su producción (hasta en un 400%) como para asegurar nuevas prospecciones. Irán, no lo olvidemos, dispone del 10% de las reservas mundiales de crudo (4).

EL RECHAZO ISRAELÍ

En Israel, la derecha, reforzada tras las últimas elecciones, airea un problema existencial. Puede comprenderse el temor a un enemigo que sigue proclamando su deseo de destruirlo. Pero Israel ha dejado de ser un pequeño país indefenso. Dispone de los mismos potentes aliados de siempre y de mejores medios que nunca, para defenderse de cualquier (hipotética) amenaza. Con este acuerdo, Israel está más seguro que sin él, porque asegura un año de margen para atajar un riesgo militar nuclear, si Irán incumple.

El relato de la inseguridad arroja dividendos políticos muy sustanciosos y seguros en Israel. Las elecciones recientes han sido buena prueba de ello. Es sintomático que, tras el varapalo, la izquierda y el centro se sumen a la demonización del acuerdo nuclear. No tanto por el contenido en sí del mismo. En realidad lo están utilizando para acusar a su rival, Netanyahu, de no haber sabido o podido evitarlo, por haberse enfrentado con Obama. Argumento débil y oportunista. Netanyahu no tenía otra alternativa que aliarse con los republicanos. Los electores israelíes no le castigaron por ello, sino al contrario. Obama quería el acuerdo. Es un factor clave de su legado. Nada podía hacer Netanyahu, como tampoco lo hubiera conseguido el laborista Herzog o la centrista Livni, si hubieran ganado los comicios.

Netanyahu hace populismo al proclamar que «Israel se defenderá con sus propios medios». No puede, y lo sabe, atacar con garantías a Irán sin un apoyo amplio de Estados Unidos. Ahora, bombardear las instalaciones iraníes sería como atacar la Casa Blanca. Pero al primer ministro israelí le queda aún la ‘bala de plata’ para ‘matar’ el acuerdo desde dentro: su alianza con la oposición a Obama en el legislativo.

BOICOT DE LOS RIVALES Y RIESGO DE FUEGO AMIGO

El Presidente, sabedor de que cualquier acuerdo, por duro que fuera para Irán, iba a ser rechazado por el lobby político israelí, ha reiterado que vetará cualquier decisión del legislativo que pretenda impedir su entrada en vigor. El Congreso puede superar el veto presidencial si reúne a los dos tercios de los legisladores. No es una misión imposible. Los republicanos sólo necesitarían sumar trece senadores demócratas a su causa. La batalla ha comenzado y tendrá que resolverse antes de tres meses. Las vacaciones sólo serán oficiales este año en Washington.

El Congreso se pone del lado de Israel, por tradición y por convicción, pero también por oportunismo. Si hay algún asunto en el que los republicanos puedan conseguir fuego amigo contra el Presidente es éste. Muchos demócratas, tan pro-israelíes como sus rivales, si no más, temen perder apoyos y dinero judío para sus campañas políticas. Y en Estados Unidos, el dinero lo es todo en política, y más en las contiendas electorales.

No obstante, el acoso republicano ha sido tan obsceno, que las cosas pueden cambiar, siquiera ligeramente. Hillary Clinton puede presumir de ser una de las mejores amigas de Israel, aunque la Administración de su marido avanzara notablemente en un acuerdo de paz con los palestinos. O precisamente por ello. Pero sobre todo por su trayectoria como Senadora por el Estado de Nueva York, uno de los mayores feudos judíos del país. Pues bien, la mega-candidata demócrata ha expresado su apoyo al acuerdo nuclear con Irán. Está por ver quién le discute la nominación. De momento, el socialista Bernie Sanders no se opone al acuerdo, por supuesto. ¿Se atreverá algún centrista a presentarse con el apoyo israelí como elemento diferenciador? Dudoso. La dirección demócrata, aunque no pueda impedir la división sobre este asunto, tratará de evitar la polémica en clave electoral. Complicado empeño.

 

(1) NEW YORK TIMES, 14 de Julio

(2) LE MONDE, 14 de Julio.

(3) NEW YORK TIMES, 14 de Julio.

(4) FOREIGN POLICY, 14 de Julio.