La noticia constituye también una respuesta significativa para todos aquellos que venían vertiendo dudas y críticas severas a la apuesta gubernamental por el desarrollo del AVE en nuestro territorio. Este esfuerzo ha llegado a ser calificado desde algunos sectores como “ineficiente”, “ruinoso”, “despilfarrador” y “lujo de nuevo rico”.

Sin embargo, las principales líneas de AVE en servicio, con cerca de 2.800 kilómetros de recorrido, presentan unas cuentas de explotación positivas. Es decir, el servicio del AVE tiene una gran demanda y ofrece beneficios económicos a su explotador. Esta valoración sirve para el AVE a Andalucía, a Cataluña, a Levante, a Valladolid y a Toledo. El porcentaje de satisfacción que muestran los clientes en las encuestas de calidad, además, supera el 90%.

Por otra parte, algunos hemos defendido siempre que en la planificación de infraestructuras deben tenerse en cuenta algunos factores más allá de los análisis de rentabilidad económica, relativos a la demanda inicial y los estudios de coste/beneficio. Porque el AVE contribuye al estímulo de la actividad económica y el empleo a medio plazo, y favorece la vertebración territorial de España, y coadyuva a la cohesión social, y facilita la lucha contra el cambio climático, sacando vehículos contaminantes de la carretera. Y el contrato de La Meca demuestra, además, que la experiencia de nuestra industria en este sector proporciona una especialización y un prestigio internacional muy rentables, en un ámbito tecnológicamente avanzado.

¿No se amortizan las grandes inversiones del AVE en los billetes que pagan los usuarios de sus líneas? ¿Y en qué infraestructuras ocurre esto? En ninguna, ni aquí ni fuera de aquí. Ni en las carreteras, ni en los puertos ni en los aeropuertos. La pregunta realmente importante a formular es la siguiente: ¿resultan estas infraestructuras rentables para el interés general y el desarrollo colectivo? Y en el caso del AVE la respuesta es inequívocamente positiva.

Resulta curioso además que las principales críticas a los proyectos de futuro desarrollo del AVE en Galicia y Extremadura provengan precisamente de regiones como Cataluña, donde este equipamiento ya ha proporcionado grandes ventajas económicas y sociales. ¿Por qué lo que ha sido bueno para Cataluña no puede serlo para otras regiones? Es evidente que la rentabilidad económica de la inversión habrá de recuperarse en un plazo de tiempo mayor, pero no es menos cierto que aquella visión “hipereconomicista” hubiera llevado en su día, por ejemplo, a abortar la decisión de construir la autovía Madrid-Extremadura, condenando al atraso permanente a las áreas menos desarrolladas de España.

Valga esta buena noticia de La Meca como llamada de atención para los que apuestan por un frenazo en el proceso de mejora constante de nuestro capital físico, con la excusa de la crisis, de los ajustes, y de los casos de despilfarro, ciertos pero aislados y no generalizables. La actualización eficiente, ponderada y bien planificada de nuestras infraestructuras de transporte y nuestros sistemas logísticos constituye la mejor garantía para seguir avanzando en competitividad y cohesión. Ajustar un presupuesto difícil con el recurso fácil de sacrificar la obra pública puede ser pan para hoy y hambre para mañana.