Cuando a final del pasado año y en expresión acuñada por el PP, los obispos españoles «se pusieron detrás de la pancarta» para defender sus puntos de vista en relación con determinados aspectos de la moral cristiana, desde el PSOE se les invitó a participar en las próximas elecciones generales.

Posiblemente estimulados por esa invitación, acaban de hacer público un comunicado que, a modo de casi-programa electoral, irrumpen en la precampaña. Y lo hacen no solo exponiendo su doctrina sino enumerando sus argumentos en forma programática y dirigiendo el voto, por pasiva, hacia aquella opción política que los cumpla, presumiblemente el PP.

Inmediatamente les han caído las críticas, cosa de la que nadie debe extrañarse ya que cuando se actúa en la vida pública es como cuando se sale del armario: todo el mundo tiene derecho a opinar sobre el tema. Quien no debería criticar su intervención política es quien les ha invitado a hacerlo, pero ese es otro asunto.

En lugar de eso, lo que procede es analizar lo que dicen para, en todo caso, rebatirlo argumentalmente. Y, en este sentido, dejando aparte los elementos argumentales mas tradicionalmente propios de la Iglesia Católica, la defensa de la familia convencional y la educación religiosa son de destacar la moderación en la crítica al aborto y la condena al terrorismo asociada al modo en que debe combatirse.

Sobre el primer tema no conviene insistir porque a lo mejor se les ha olvidado y hacen una addenda al comunicado, pero si no fuera así parecería que ya no les molesta tanto la situación legal en España respecto al mismo ni la posición política de los partidos españoles en relación al asunto.

El tema de su posición ante el terrorismo tampoco me parece excesivamente criticable. Cuando se ha escrito tanto sobre el nacimiento de ETA en algunos seminarios, sobre el asilo de etarras por algunos párrocos, sobre la tibieza de las críticas de la Iglesia al «terrorismo vasco» y sobre su intervención mediadora en algún momento, debería acogerse con satisfacción la postura de aparente dureza que los obispos predican para ETA, ya que si excluyen la vía del diálogo o bien apuestan exclusivamente por la acción policial o bien, lo que sería propio de su condición de pastores de la Iglesia, confían todavía en la conversión de los terroristas.

Otra opción sería pensar que están en la casuística, más propia de los jesuitas, de distinguir entre diálogo, conversación, contactos, etc, pero esto no parece compatible con las aparentes intenciones clarificadoras del documento y, además, exigiría mas aclaraciones posteriores que el tema de los 400 euros.

Tiempo habrá, más allá de la premura de estas líneas, para profundizar en esta cuestión que, como digo, tiene más profundidad que el de la mera petición del voto para Mariano Rajoy.