Decía ufano Mariano Rajoy en su macrocongreso celebrado en Madrid y, ante los dirigentes europeos más conservadores: «No somos un refresco de moda, fiebre de un día ni una vieja idea fracasada«.

Justo eso es lo que a muchos nos preocupa, que la política que se está aplicando y que está creando tanto sufrimiento y tanta desigualdad no es un refresco de moda, sino que son las viejas ideas bien entroncadas que fomentan el neoliberalismo más cruel, el capitalismo más descarnado, y la hipocresía política que permite que Europa esté desmembrándose delante de los ojos de estos protagonistas de la Historia.

Supongo que a Rajoy le gustó rodearse de Merkel (la patrona del austericismo) Sarkozy (“vuelve el hombre”, como el anuncio de colonias), Berlusconi (quien debería estar en prisión por sus ilegalidades económicas y referentes al uso de las jóvenes), o con Víktor Orbán, quien en su discurso alertó de “que el reto de la inmigración masiva está ya ‘desestabilizando el futuro de la familia política’ de los conservadores europeos”.

A mí me resultó terrorífico, mucho peor que ver la Casa de los Monsters.

Sin ironías ni bromas, porque la situación actual no está para ello, si algo vi con claridad en ese congreso, es todo lo que no puede volver a ser: un neoconservadurismo basado en las estafas, las mentiras y las políticas deshumanizadas.

Los que allí estaban son ahora mismo los responsables de aquel perverso milagro económico de una Europa que miraba hacia otro lado mientras sus auditores maquillaban cuentas; son responsables de un austericismo que está dividiendo a Europa en una desigualdad galopante donde España es el segundo país con mayor desigualdad de la Unión; es responsable de la desmembración del proyecto europeo del Estado de Bienestar; responsable del daño a Grecia, España o Portugal, exprimiendo hasta las entrañas, devaluando la calidad de vida de las personas, hasta llegar a la angustia más vital o al suicidio de personas que hoy son anónimas frente a la voracidad de los macronúmeros; son responsables de que los tres dirigentes del FMI hayan sido verdaderos fiascos (ya veremos como acaba Rato), siguiendo la moda de la corrupción y especulación de los dirigentes políticos; son responsables de una escuela de valores que han dinamitado la confianza en el sistema democrático; son responsables de que nuestras democracias nacionales caminen a convertirse en papel mojado; son responsables de la ineficacia de resolver dramas humanitarios como los refugiados de Siria; son responsables de que no haya ética en los negocios ni sinceridad en los intercambios, como hemos visto en la gran y poderosa Volkswagen.

Recordaban ayer en unos seminarios realizados en al UIMP de Valencia que el Fondo Monetario Internacional se creó en 1944 con tres fines: evitar crisis financieras, ayudar a los países en desarrollo y combatir la pobreza. Hoy, nos reímos al oírlo o lloramos por el esperpento en el que se han convertido las instituciones internacionales. Hoy, el FMI no es ni la sombra de lo que debería ser, sino su peor enemigo y nuestra peor pesadilla.

Si algo hemos de hacer con contundencia la sociedad civil es cambiar las instituciones que hoy nos gobiernan de forma antidemocrática, saltándose las normas de subordinación a la soberanía popular, convirtiéndose en el azote del bienestar ciudadano, imponiendo condiciones angustiosas.

Vivimos en la Europa de la foto de Rajoy: austericismo, desigualdad, pobreza, miedo, angustia, falta de trabajo, rebaja de derechos, pérdida de dignidad, debilitamiento democrático, ….

El miedo es lo que nos mantiene paralizados. Pero ahora lo tenemos por receta doble: miedo a perder lo poco que tenemos o miedo a continuar con ese modelo económico-político que representan los dirigentes de la foto de Rajoy.