A cualquier persona sensata le resulta evidente que todo este despilfarro de decisiones no constituye una política global sanitaria y no conlleva un proyecto global de financiación de la salud, aunque fuera de tinte totalmente liberal. También es evidente que lo único que se obtiene es desconcierto, apreturas añadidas para los más pobres, sin ninguna eficacia económica ni sanitaria, muy al contrario. Total una enorme chapuza en sintonía con la actuación gubernamental.

Y esto ocurre cuando es evidente, en todos los países del mundo, que es necesaria una profunda reflexión sobre la financiación de la Sanidad. Porque el envejecimiento de la población, las justificadas exigencias cada vez mayores de tratamientos más eficaces y más humanizados, los progresos de la medicina, suponen un enorme gasto para la sociedad. Y un gasto cuya progresión es hoy imparable, salvo que se consigan políticas eficaces de prevención que pasan por una labor educativa ciudadana y una práctica médica adecuada.

De momento el PP no se atreve a dar el viraje liberal de suprimir el adjetivo «pública» a la Sanidad. Pero actúa para profundizar las diferencias entre la «publica» y la «privada», en favor de la segunda claro está. Tampoco llega, hasta ahora, a negar la exigencia de solidaridad que supone la Sanidad pública, pero la sabotea diariamente. El resultado, y no es de hoy, es que en nuestro país quien puede cotiza a un seguro privado que le garantiza otra atención sanitaria. Y también es justo decir que muchos políticos de izquierda utilizan tal vía de seguro añadido. Y es normal cuando se conocen las restricciones continuas que sufre la Sanidad pública desde hace mucho tiempo. Pero hoy se agravan de manera agobiante para muchos enfermos.

En esto, como en muchos otros problemas, el PP no se define, no propone visión de futuro y chapucea. España ha franqueado con éxito los retos científicos y tecnológicos de la medicina moderna. Sus profesionales pueden ventajosamente compararse a los de los más modernos países europeos. Pero el problema de la financiación y de la humanización de su Sanidad pública, así como la transformación de su Sanidad privada no está resuelto. Las genialidades ocasionales de nuestras ‘derechas’ en este tema deben servir al menos para que la oposición prepare seriamente una política sanitaria nueva y moderna, que de ninguna manera puede ser reconducir sencillamente lo que existía antes de la era PP actual.