Tras la frustrante y reiterada traca anual de la “lotería de Navidad” que mejor que ir al cine a ver la última comedia de Juan Carlos Tabio. Especializado en arrancar sonrisas a golpe de ironía crítica y sarcasmo vital.

El cuerno de la abundancia recoge un tema universal y frecuente en las leyendas populares, la promesa de un gran tesoro. El director se basó en un cuento escrito por el guionista Arturo Arango, una narración en primera persona por parte del protagonista, Bernardito, que en el filme está interpretado por Jorge Perugorría.

En una aldea de Cuba, una noticia se extiende como la pólvora: aquellos que se apelliden Castiñeiras recibirán una jugosa herencia que unas monjas depositaron en un banco de Inglaterra en el siglo XVIII. Todos los que poseen ese apellido se lanzan como locos a realizar los trámites para hacerse con su parte, pero algunos obstáculos se presentan en su camino.

Juan Carlos Tabio siempre nos cuenta historias tristes de cubanos alegres o tal vez historias divertidas de cubanos que jamás pierden la capacidad de reírse de lo que haga falta. Con esta película retoma el pulso de su mejor cine, ese que nos regaló “Fresa y Chocolate”, “Guantanamera” y “Lista de espera”. Un cine, que el propio cineasta ha identificado con el de Berlanga de los años 50 y 60 y la comedia italiana. En definitiva, poseedor de rasgos de la comedia clásica con aderezos excepcionales caribeños. Su cine es la radiografía de Cuba, que convive con la necesidad y que no pierde ni el orgullo ni la alegría. Una mágica y cotidiana forma de contar cosas, de gran trascendencia, con gestos suaves, repartos corales y mucha sonrisa. Tabio logra una comedia llena de personajes, retrata a Cuba con humor y realismo desde la complicidad de sus protagonistas por su paisaje y su cultura. Sin duda, una oportunidad para ser más felices en estos días.