Ignoro si ese señor era universitario, pero lo fuera o no lo fuera, debería saber que son los universitarios, precisamente, los mas aficionados a celebrar debates de este tenor. De hecho, las universidades llevan siglos debatiendo asuntos que, en el entendimiento de las personas normales, parecen peregrinos. Y no pondré ningún ejemplo para no herir la sensibilidad de algún universitario.

Cuando los universitarios llegan a ser políticos, se acentúa esta afición a debatir cosas incomprensibles para las personas, en forma tal que se llegan a alcanzar cotas sublimes en el terreno de la casuística que para si los quisieran en la orden de San Ignacio de Loyola.

Resulta que, desde que el Gobierno de España se decidiera a instalar un tubo para llevar agua del río Ebro a Barcelona, han ocurrido tres cosas: que ha llovido, que los embalses catalanes han sobrepasado la cota del 25 % y que, al sobrepasar ese nivel, ha decaído la prohibición de llenar piscinas o regar jardines.

Y, en la misma forma que, antes, los que salían de misa se negaban a dar limosna a los pobres por si se lo gastaban en vino, el Gobierno de Aragón se niega ahora a dar agua a los barceloneses por si se lo gastan en piscinas, y piden que ya no se construya el famoso tubo.

Quizás el Gobierno de Aragón sepa que en Barcelona hay muchas piscinas o bien no prevea que cuando deje de llover volverá a hacer falta el tubo. Pero, antes de todo eso, lo que los barceloneses pueden reclamar es el derecho a llenar sus piscinas mientras lo tengan los aragoneses, sea cual sea el nivel de los embalses catalanes. En la misma forma que los aragoneses pueden reclamar, por cierto, que los catalanes no quieran tener otros privilegios en varias otras materias.

Parece que todo esto podría haberse evitado si no se hubiera iniciado una andadura peligrosa en materia de compartimentación de bienes comunes para toda España. Los recursos hidráulicos deberían mantener su carácter demanial y uso público regulado, exclusivamente, por la administración central del Estado.

De un Estado que no se autolimitara en la utilización de todos los medios necesarios, trasvases entre cuencas incluidos, para satisfacer las necesidades de agua de todos los habitantes del octavo país industrial del mundo. Ya sea para bebérsela o para llenar sus piscinas. Aunque esta cultura del agua no sea nueva.