Esta necesaria explicación ante la sociedad española, en la sede de la soberanía, supone la última oportunidad política de un presidente del Gobierno que tras cinco años mintiendo sobre el caso Gürtel, y ahora sobre la financiación del PP y su extesorero, tiene que aclarar cómo, cuándo, porqué y quienes han participado y se han favorecido de esta estafa democrática, que además supone un tsunami de corrupción.

Aunque hay que esperar a escuchar lo que dice y a que asuma responsabilidades, mal ha empezado este camino hacia la tribuna del Congreso Mariano Rajoy y el PP cuando han elegido el día 1 de agosto para acudir a sede parlamentaria. ¿Una casualidad fruto de una coincidencia en el calendario? O, más bien, otra maniobra más, otro intento burdo más por parte del PP de minimizar la atención de la sociedad española en un día donde comienza la operación salida de las vacaciones para millones de españoles.

La experiencia nos viene a confirmar más el intento de regate corto del PP que otra cosa. Lo que demuestra que el partido en el Gobierno está noqueado, sin reacción y bajo el chantaje de una persona que durante veinte años ha manejado las cajas del Partido Popular.

Como diría un castizo, a estas alturas de la película ya no valen las maniobras de distracción, ni las medias verdades, ni los engaños. Porque o el Presidente explica la verdad en el Congreso o tendrá que aclararla más pronto que tarde ante un juez, donde además no podrá mentir. Si no, que se lo pregunten a Cospedal, Arenas y Cascos que, durante este mes de agosto que el PP quería utilizar como escudo y bálsamo del olvido, van a tener que comparecer como testigos ante el juez Ruz.

En estos momentos de grave crisis en España, nuestro país necesita verdaderos patriotas que antepongan el interés general al individual o de partido. Eso significa, que hay que recordar a esta derecha, que se envuelve en la bandera pero evade el dinero a Suiza, que un patriota, según el diccionario de la Real Academia Española, es una “persona que tiene amor a su patria y procura todo su bien”.

Y el bien de España hoy pasa por conocer la verdad de las corruptelas y el dopaje electoral del PP y asumir responsabilidades por parte de los protagonistas. No por ceremonias de la confusión, grandes mentiras envueltas en pequeñas verdades, o brazos de madera en un Congreso de los diputados que mucho me temo que mañana parecerá más un circo romano, donde se antepondrá el aplauso complaciente para estar a bien con el “jefe”, que a un Parlamento donde un presidente explica qué ha pasado y, a continuación, adopta las decisiones oportunas para atajar políticamente esta grave crisis política que tiene a su Gobierno de rodillas.

Si Rajoy defrauda las expectativas, y es muy probable, será malo para España. Pero también, para un presidente del Gobierno que podrá marcar el 1 de agosto de 2013 como el día en el que comenzó su verdadera derrota. Su particular día D.

Por último, que no se confunda el PP, los españoles no somos un caballo sin memoria, como en el bello poema de León Felipe.