Ante la cifra de 1.645 milmillonarios en el mundo, 219 más que el año pasado y 852 más que en al año 2009. Y ante los 6,4 billones de dólares que acumulan, un billón más que el año pasado y cuatro billones más que en 2009, surgen muchas preguntas ¿Hasta cuándo van a aguantar los ciudadanos el sufrimiento, la miseria, la inseguridad, la pobreza y la desigualdad creciente? ¿Hasta cuándo los más pobres de los países devastados por la pobreza? ¿Hasta cuando los ciudadanos que hasta hace poco disfrutaron de bienestar y derechos en sociedades con democracias consolidadas? ¿Hasta cuándo van a transigir los gobiernos? ¿Vivimos en sistemas democráticos o la oligarquía ha sustituido a la Democracia pero a esas élites les conviene mantener la ficción democrática con gobiernos súbditos de sus decisiones?

FUENTE: Revista Forbes 2009, 2010, 2011, 2012, 2013,2014.

La situación está llegando a un punto de no retorno, que de no empezar a corregirse inmediatamente va a generar una gran inestabilidad social, política y económica que también sufrirán esas elites que se consideran a salvo. El incremento de la desigualdad puede acabar con todo. Millones de personas en la miseria y cada vez más trabajadores pobres y en paro. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) el desempleo aumentó en el mundo durante 2013 en cinco millones de personas a pesar de que la economía mundial comenzó a recuperarse. Hay 202 millones de personas desempleadas, pero los esbirros del poder continúan demandando quitar derechos laborales y salariales a los trabajadores, aunque por supuesto no a ellos. Si la tendencia continúa, si no se les para, el desempleo llegará a 215 millones de seres humanos en 2018.

Los datos son evidentes: 852 milmillonarios más que en el año 2009 versus 62 millones más de desempleados desde 2008. Entre 1990 y 2010 la desigualdad de ingresos aumentó un 11 por ciento en los países en desarrollo. Una importante mayoría de hogares en países en desarrollo, que representa más del 75 por ciento de la población, hoy en día vive en sociedades donde la distribución del ingreso es más desigual que en los años 90, según el informe Humanidad dividida: cómo hacer frente a la desigualdad en los países en desarrollo del PNUD.

¿Dónde están los Estado que se auto denominan sociales y democráticos de derecho y aquí sirven? ¿Dónde está la justicia? Estos datos demuestran el fracaso de la política y de la democracia ante una elite económica global que, bajo el paraguas del capitalismo financiero globalizado y ocupando los sillones de las instituciones donde se toman las decisiones, ya sea el FMI, el Banco Mundial, la Comisión Europea o los gobiernos nacionales, tiene en la acumulación de la riqueza y el poder en un número reducido de personas su razón de ser, dejando de lado la equidad.

La desigualdad se incrementa constantemente en el mundo, aumentan las migraciones y los conflictos dentro de un malestar que cada vez es más evidente y activo en la sociedad. Se cuestiona la democracia y sus instituciones, porque para la ciudadanía democracia era sinónimo de derechos e igualdad. Muchos ciudadanos indignados dicen: ¡Hay que hacer algo! Y preguntan: ¿Qué?

Movilizarse, participar y votar es decisivo, imprescindible y crucial, aunque puede no ser suficiente si el número de ciudadanos que lo hace no es mayoritario. Queda mucho camino por recorrer en la movilización de la ciudadanía, pero el objetivo de la igualdad y la dignidad humana es nuestra razón de ser como civilización. Por ese motivo, hay que dejar claro a los gobiernos, con el voto y con la ley, que las demandas de bienestar y seguridad vital para la población son la guía de las acciones de los gobiernos que ellos eligen democráticamente.

Hay que tener siempre presente que el significado de la democracia ha sido básicamente no tener que ponerse de rodillas ante nadie, no vivir atemorizado o humillado, poder actuar y comportarse con dignidad, ser una persona en toda la extensión de las posibilidades, tener “seguridades” en la vida, no estar forzado a decir a todo “amén”. En suma, ser un señor y no un siervo, como señala José Félix Tezanos.

FUENTE: Revista Forbes 2009, 2010, 2011, 2012, 2013,2014.

La dignidad, la igualdad y la libertad son la meta a alcanzar, nadie te las va a regalar. Y ahora, en los próximos meses hay una batalla crucial, las elecciones europeas. Hay que votar y elegir entre los que quieren seguir al servicio de las elites económicas, y aquellos que pretendemos que la dignidad y el bienestar de las personas sea la guía de nuestros gobiernos. Las decisiones se van a tomar, y o tu participas en las decisiones o alguien decidirá por ti.