El inicio de las vacaciones, su disfrute como fruto del duro trabajo durante todo un año, es una gran oportunidad para hacer esas cosas que nuestra agitada actividad profesional y personal nos impiden hacer por falta de tiempo y voluntad.

“El fin es mi principio”, es una película que invita de forma muy sugestiva a reflexionar sobre la vida en toda su dimensión, sobre lo que somos, lo que queremos y en especial sobre la muerte. Entendiendo ésta, como un eslabón más de la gran cadena del ciclo vital. En definitiva, el ser humano es un elemento, eso sí, complejo y maravilloso que forma parte del universo. Un Universo, en el que todo –lo que vemos, tocamos y sentimos- está interrelacionado en permanente búsqueda de armonía.

Jon Baier, como él se define un director especialista en documentales, nos regala una deliciosa cinta basada en la novela del mismo nombre, escrita por Tiziano Terzani. En la que nos cuenta su vida real como prestigioso corresponsal de las guerras más significativas de todo el siglo XX, y su peculiar posición frente a la adversidad.

El relato nos da a conocer a un hombre que ve acercarse su fin y decide llamar a su hijo para reunirse con él por última vez en su casa de La Toscana. Su intención es compartir unas valiosas conversaciones sobre la vida que ha llevado como corresponsal de prensa en el sureste asiático, los cambios políticos y sociales de los que ha sido testigo, y la transformación espiritual que ha experimentado en sus últimos años. Pero lo más importante para él es transmitir a su hijo cómo prepara el terreno para la última gran aventura que le queda por vivir. Para Baier el rigor en los hechos, como en toda su obra, es elemento esencial. Y para lograrlo encargó el guión a Ulrich Limmer y a Folco Terzani hijo del protagonista de la historia. Dotándole a los diálogos de la sensibilidad y emocionalidad de alguien que lo ha vivido en primera persona.

Si el guión, su articulación, emociona. La realización y la puesta en escena engrandece con esos bellos paisajes y, con la siempre grandiosa música de Ludovico Einaudi. La interpretación de Bruno Ganz hace más que creíble al personaje, es el protagonista en estado puro.

Un relato de gran intensidad, que muestra la relación entre padre e hijo, del transcendental viaje que emprende Tiziano hacia la espiritualidad, tras haberle sido diagnosticado un cáncer, en donde llega a encontrarse a sí mismo. O los tres años que pasó junto a un sabio en el Himalaya y que se convirtieron en una experiencia clave en su vida. Es un viaje iniciático para abrir nuestras mentes y corazones a aquellas cosas que no vemos y en muy escasas ocasiones llegamos a sentir. Es un aliento a la esperanza y sobre todo una alegoría a la existencia de cualquier ser humano.