Sin embargo, esa misma noche a partir de las 23:30 Madrid vivió una fiesta, que se amplió hasta la noche del día siguiente con la llegada de los jugadores del Atlético de Madrid a la capital. Los que como yo vivimos en el castizo Barrio de Arganzuela, no pudimos inhibirnos al alborozo y alegría de los miles de seguidores y simpatizantes del Atlético de Madrid, tras vencer por 2 a 1 al Fulham inglés y adjudicarse la Europa League. La fuente de Neptuno se convirtió, hasta altas horas de la madrugada, en un paraíso de felicidad y de sueños hechos realidad. Observar las caras de los allí presentes, en su mayor parte trabajadores, y personas pertenecientes a las clases medias bajas, me recordó los fenómenos de catarsis colectiva y la capacidad de control social de algunos espectáculos masivos.

La expresión española “Pan y Toros” (Panem et circenses) trata de resaltar que las corridas de toros (y similares) son un entretenimiento que lisonjea las bajas pasiones, mantiene al pueblo en una situación de demora y contiene los conflictos sociales. Así lo indicaba León de Arroyal en su obra Oración apologética en defensa del estado floreciente de España” del año 1812 “Haya pan y haya toros, y más que no haya otra cosa. Gobierno ilustrado: pan y toros pide el pueblo. Pan y toros es la comidilla de España. Pan y toros debes proporcionarla para hacer en lo demás cuanto se te antoje in secula seculorum. Amen”.

Desde la segunda mitad del siglo XX se utiliza la paráfrasis “Pan y fútbol”, a tenor del papel que jugó durante la dictadura este deporte, a través del cual se canalizaban buena parte de las tensiones sociales. En aquel momento el Real Madrid era considerado el club del régimen, el club de los ricos y poderosos, frente a éste el Atlético de Madrid, el club de los menos influyentes. Las diferencias sociales y políticas entre los simpatizantes de ambos equipos se dirimían en discusiones de bar sobre la calidad de los jugadores, las jugadas realizadas en los encuentros, los resultados de los partidos, los entrenadores, etc. Algunos equipos como el Fútbol Club Barcelona, el Athletic de Bilbao o la Real Sociedad eran considerados algo más que equipos, con señas de identidad propias, y mostraban cierto distanciamiento respecto a las consignas del régimen franquista. Además, en aquella España el juego de las quinielas era una especie de acto individual de manumisión y esperanza económica ante la falta de libertades. El marcar “1”, “X” o “2” en los impresos era una de las pocas acciones individuales que podían realizarse sin control, ni censura.

A principios del siglo XXI el tópico“Pan y fútbol” se ha transnacionalizado, acorde con los tiempos en los que vivimos. En los lugares menos desarrollados, el fútbol “mueve montañas”, millones son los aficionados que desde África, Latinoamérica, Asia etc… siguen con enorme interés los partidos internacionales. Posiblemente entre las personas más conocidas del mundo se encuentren actualmente Cristiano Ronaldo, David Beckam o Lionel Messi. Se han convertido en ídolos de masas que millones de niños y adolescentes en el mundo querrían emular. Son los nuevos símbolos y héroes de la posmodernidad, de cuerpos esculturales, con piernas fuertes y musculosas y cuidados al detalle, en pro del impresionante negocio que mueven a su alrededor.

El domingo 16 de mayo el Fútbol Club Barcelona se proclamó campeón de la liga española, tras una pugna continuada con el Real Madrid, que trascendió el plano estrictamente deportivo. Y el miércoles 19 tuvimos más de lo mismo, pues se enfrentaron en la Final de la Copa del Rey el Sevilla Club de Fútbol y el Atlético de Madrid. ¡Ah!, no quería olvidar que en junio empiezan en Sudáfrica los mundiales de fútbol, en los que España ha depositado grandes expectativas.

En fin, con la que está cayendo en España y en el mundo, ¡bienhallado sea el fútbol que inyecta fuerza e ilusión en las vidas!, pero seamos conscientes de que no debe convertirse en el nuevo opio de la ciudadanía.