A Rubalcaba lo proponen como un buen candidato y mejor presidente. Cierto es. Los presidentes socialistas en España han sufrido del síndrome del “hombre de Estado”. González lo mamó tanto de Mitterrand y Kohl que terminó haciendo de centro a Aznar. Fue época dada a la distinción entre estado y sociedad. Zapatero hizo lo que pudo como socialista y deshizo lo que le pudieron como hombre de estado. Los dos mutados por la responsabilidad. La derecha es más “como me lo maravillaría yo”. Así, que decir de Suárez que hasta cambio la química de la política española, pasándola de orgánica a inorgánica. Hagamos mutis con el del piano. Y después, Aznar. Fue sin duda un político de prestado. Él y sus prestaciones lo eran todo. El estado se prestaba a comprar medallas “Made in USA” y la política exterior servia para prestar servicios. Es como si un Ministro de Exteriores llevara de matute a su empresa familiar para “hacer turismo” en sus viajes oficiales. Algo así. Lo que tiene la derecha es que se visten con el Estado y se lo ponen de sombrero.

Rubalcaba sería un nuevo estilo en la izquierda. Trata al Estado con la misma actitud que los de derechas. Llamar a un Diputado monocorde del PP (el encargado de cocer el Faisán a fuego lento) “Bartolo con su flauta” no sólo es gracioso. Refleja un evidente estado de gracia. Casi permanente. Ya “per se” sería un cambio de ritmo. O eso parece. Su antítesis, Chacón. Hace llegar la igualdad a cotas inesperadas en España. Sin ninguna duda es la “caballera” de la triste figura. Ya lo era antes de tener que dejar de ser. Si alegría es la alegría andaluza, tristeza es la tristeza catalana. Chacón sonríe envuelta en una bruma perfumada con el “cant dels ocells”.

Rajoy dice “Tendremos el Estado de bienestar que nos podamos permitir”. Eso quería decir que nos permitan permitirnos. Apenas hemos llegado y ya hay que volver a empezar. ¿Qué nos van a permitir permitirnos? Muy poco bienestar y mucho rabiar. Y rabiando surgen las preguntas. ¿Cuánta monarquía nos podemos permitir? ¿Cuánta financiación a la Iglesia Católica? ¿Cuántos privilegios a los políticos?. No es lo mismo una monarquía parlamentaria que un parlamento monárquico, donde se vive a cuerpo de rey (perdón, de ley). Ahora van por el pleno al dos. Y así más. ¿Demagogia? ¿Es que no?. Ya lo escribimos aquí hace meses, en “Zigzag a los avernos”. Ahora ya es motivo de esa abstención que quita y da gobiernos. Entramos en cambio de fase. Hasta ahora, la forma como en un régimen democrático se podía ir contra los intereses de la mayoría era anulando la percepción de la diferencia entre las opciones políticas. Pero una vez empujada hasta el límite, tras mandar el Estado de bienestar a la porra, solo les quedará mandar la porra a la sociedad. Como los mamporros a la catalana. Hay la derecha va sobrada.

Y aquí y ahora. ¿Dónde están los empresarios de España? ¿La gala de la patronal?¿La flor del capitalismo? Posiblemente haciendo una nueva colecta para pagar otro Bribón. Aviso a periodistas. En España hay que tener cuidado cuando se tratan algunas cosas y su majestad. Los que cubren las cosas de la zarzuela le pusieron la música al instante: “con la lengua fuera, torva la mirada, húmedo el hocico, débiles las patas, muy caído el rabo, las orejas gachas. Todos estos signos prueba son de rabia”. Cuidado. No con el mordisco. Con la infección posterior. Por lo demás, en Europa las monarquías son como los bumeranes. Da igual que los tires, siempre intentan volver. No por interés, no. Por obligación y un elevado sentido del debe.

El 15-M llenó las plazas de ciudadanos que se reunieron para expresar de forma asamblearia, sin líderes y de forma ajena a la expresión partitocrática de la política, su tristeza y desespero. Organizados espontáneamente en comisiones, ordenados, no violentos, disciplinados, ilustrados deseando aprende lo que no sabían, y profundamente solidarios. Tienen un nombre que Álvarez Junco en la TV no quiso darles. Supongo que por no faltar. Siempre han sido una corriente ideológica potente en España, junto a socialistas y comunistas. Hoy en día hablan más alto y claro que estos últimos porque la transición no los recicló. Bienvenidos. Todos hacemos falta. Algún día sabrán cual es su historia. En ella, la primera mujer ministra en Europa occidental Federica Montseny.

Fiel a su tradición, la Real Académica de la Historia hace historia. No sólo porque la crea (otra diferente que se la crea), o por la edad de sus académicos (que son historia viva). Es por competir con la Real Academia de la Lengua. Ahora se dedica a “limpiar, fijar y dar esplendor” a la vida del último dictador que ha sufrido España. En tiempos de ahorro, podemos pedir que las fusionen. Total, las dos se ocupan de las palabras y no de la realidad. Están en quién da más. Un supuesto escritor, presunto intelectual y tan comunista como Tamames, afirma que con Franco, si no te metías en política, vivías bien y sin problemas. No se si esto estará entre los efectos secundarios de las pastillitas azules. En un Estado totalitario la política lo es todo: lo económico, lo social y hasta lo religioso. Pedir mejoras laborales era meterse en política. Pedir respeto los homosexuales era meterse en política. Pedir permiso a los padres o maridos era ser mujer, por supuesto. Y también política. Aunque ya no lo recuerde, TOP entonces no era una palabra inglesa.