Resulta evidente que estamos ante una grave crisis financiera que está colapsando todo el sistema productivo. Resolver esto es fundamental y hay que arbitrar medidas a corto plazo para lograr que el crédito vuelva a fluir hacia las empresas y consumidores, así como prever las consecuencias que se puedan derivar en los próximos meses, sobre todo en los países menos desarrollados. Las medidas para inyectar recursos resuelven parcialmente el problema, pero no en su globalidad. Hay que intervenir el sistema financiero y hay que apostar con más decisión por una mayor regulación a escala nacional e internacional, y en este aspecto se está siendo muy tímido.

Las medidas que se quieren arbitrar para controlar los paraísos fiscales y regular el secreto bancario son tibias y dejan muchas lagunas que permitirán, si no se arbitran mecanismos más eficaces, seguir actuando al capital con cierta inmunidad. No se ha planteado nada sobre la necesidad de implantar la tasa Tobin a escala de todo el planeta, como un instrumento que frene los movimientos especulativos. No se está ante propuestas que modifiquen sustancialmente el orden económico internacional, sino que lo que se pretende es arreglar las averías que tiene el actual.

Los dirigentes del presente no han tenido la amplitud de miras de los que se reunieron en Bretton Woods para crear el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial. Estamos ante pequeños arreglos para seguir funcionando cuando lo que se tiene que abordar es un cambio a fondo. Los gobiernos se encuentran preocupados ante la situación de deterioro que se está sufriendo y quieren tomar medidas para que ese deterioro no vaya a más, así como buscar mecanismos que permitan una recuperación que alivie los males presentes. Desde luego, es importante aliviar al enfermo y encontrar soluciones de mejora, aunque sean temporales. Lo es más cuando, además, los que sufren las consecuencias más negativas son los grupos más vulnerables.

Ahora bien, aceptando esto y la necesidad de encontrar soluciones a corto plazo ante la angustia de lo que se está viviendo, resulta evidente que estas tienen que tomarse vinculadas a otro paquete de medidas que busquen respuestas a los graves problemas existentes con vistas a un plazo medio y largo. Es aquí donde la Cumbre resulta más insatisfactoria, aparte de que hay que ver aún si las propuestas adoptadas son factibles, incluso en el corto plazo.

He expuesto en estas páginas lo que deberían ser las bases, a mi modo de entender, de ese Nuevo Orden Económico Mundial, tanto desde el punto de vista monetario, como comercial y de financiación del desarrollo, entendido todo ello como una cooperación global que incluya en la agenda no sólo el crecimiento, sino la obtención de un desarrollo humano equitativo y sostenible. No se trata sólo de plantear cómo se consigue el crecimiento, sino de buscar otro modelo de desarrollo que tanga como objetivos la igualdad de rentas, derechos y oportunidades, la igualdad de género y la educación y la salud como derechos universales que deben ser pilares básicos a fin de permitir la realización personal. La lucha contra el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y el deterioro ecológico es a su vez fundamental para preservar en el futuro la vida en el planeta. Tener como objetivo la preservación del medio ambiente debe ir acompañado de propósitos claros para erradicar el hambre y la pobreza.

Existen en la economía mundial muchos más desafíos de los que la crisis financiera representa, y no encontramos nada más que declaraciones de buenas intenciones, pero no hechos concretos que vayan en la dirección que hemos enunciado. Hay que solucionar los problemas inmediatos, pero hay que poner remedio a las causas que los han generado si no se quiere que se repitan. Por eso, tenemos que ir más allá, pues los problemas del mundo no son coyunturales, sino estructurales.

En suma, decepción esperada en los aspectos que señalo, pues ya se sabe que los dirigentes no están dispuestos a cambiar a fondo un orden económico que beneficia a los países y clases sociales ricas, ya que sólo aspiran a remediar los males que nos atenazan hoy. En este último sentido sí que ha habido un avance sobre lo que se esperaba y sobre lo que se venía haciendo, ya que se ha ido más allá de lo que cabía esperar.