Cualquier sistema electoral es el resultado de una decisión política. Por tanto, la manera en que se delimitan las circunscripciones electorales no es una cuestión políticamente neutra. Son muchos los ejemplos donde los partidos en el gobierno y sus candidatos, intentan asegurar su poder a través de la modificación de las circunscripciones electorales para favorecer sus intereses y perjudicar los de la oposición. Uno de los destacados, y que da nombre a esta práctica política, fue el gobernador de Massachussets, Elbridge Gerry, que en 1812 tuvo la idea de dibujar un distrito en forma de salamandra, que concentraba sus votos y esparcía los de sus oponentes. Eso sí, y como ahora Esperanza Aguirre, por el bien de los electores y para estar más cerca los ciudadanos a sus representantes.

En estos temas que preocupan poco a los ciudadanos pero son decisivos, hay que dejar claro que la delimitación de las circunscripciones electorales condiciona el resultado electoral y el sistema de partidos. Y en el caso de la Comunidad de Madrid también, porque la división en circunscripciones de Madrid favorece al partido en el poder, es decir, el PP, ahora y lo que es más importante en el futuro. Porque, aunque han ganado las últimas elecciones, no olvidan, y especialmente Esperanza Aguirre, que llevan muchos años en el gobierno, que el desgaste se nota más en la sociedad de lo que reflejan los resultados electorales y que para gobernar necesitaban hasta ahora mayoría absoluta.

La excusa de Esperanza Aguirre, y antes de Gallardón, es acercar los elegidos a los electores, estableciendo una mayor cercanía entre los ciudadanos y sus instituciones. Ante esta afirmación hay que preguntarse: ¿funciona mal el sistema electoral madrileño? ¿Existe proporcionalidad entre lo que votan los ciudadanos y su reflejo en la asamblea madrileña? ¿ Hay dificultades para conformar gobiernos estables?

El sistema electoral madrileño ha funcionado de manera eficaz desde que existe la Comunidad Autónoma de Madrid. En primer lugar, ha permitido que el Parlamento Regional sea un reflejo prácticamente exacto de los deseos de los ciudadanos. Cuantos más representantes se eligen en una circunscripción, más proporcionales tienden a ser los resultados. Y en el caso de Madrid, el tamaño de la Asamblea hace que el resultado sea prácticamente proporcional puro entre votos y escaños. Así, en PP con un 51,73% de los votos cuenta con el 55,81% de los escaños (72); el PSOE con el 26,27% de los votos tiene el 27,8 % de los escaños (26); IU-LV con el 9,61 % de los votos tiene el 10% de los escaños ( 13) y UPYD con el 6,32 % de los votos cuenta con el 6,2 % de los escaños ( 8). Hay un porcentaje muy bajo de sobrerrepresentación de los dos primeros partidos y la representación es casi exacta en las dos formaciones minoritarias. Estos datos demuestran que lo que votan los ciudadanos, sus preferencias políticas aparecen al final reflejadas en la composición de la Asamblea regional.

En segundo lugar, que el resultado sea tan proporcional no ha dificultado el otro gran objetivo de todo sistema electoral, que consiste en la formación de gobiernos estables. De las IX legislaturas de la Comunidad de Madrid, sólo en tres el partido que ha ganado las elecciones no ha conseguido la mayoría absoluta (1987, 1991, y en las elecciones de mayo de 2003). Sin mencionar el “golpe democrático” del Tamayazo que llevó a modificar el resultado electoral e impedir un gobierno de izquierdas en Madrid.

Por tanto, decir que la circunscripción única en Madrid puede provocar inconvenientes que pueden cuestionar la calidad de la democracia en Madrid, no solo es falso sino mal intencionado. Porque el derecho al sufragio no solo está garantizado como demuestra la participación en todos los procesos electorales, sino que además tiene su reflejo en la Cámara a través de los distintos grupos parlamentarios, respetando el valor del resultado de voto de cada ciudadano. Porque dividir en circunscripciones con un mínimo de representantes tiende a sobrerrepresentar al partido más grande y a los territorios con menos población. Porque se produce la paradoja de que por una parte los partidos minoritarios de ámbito regional tendrían más difícil su representación en la Asamblea regional, mientras al mismo tiempo podrían aparecer formaciones menos representativas pero implantadas en zonas con poca población.

Cuando algo funciona, hay que mejorarlo no destrozarlo. ¿Son necesarios algunos retoques en el sistema electoral madrileño? Sí, pero no es la principal demanda de los ciudadanos madrileños que lo que quieren son oportunidades para poder vivir dignamente. No obstante, de hacerse es fundamental que no se rompa el principio de igualdad del sufragio, es decir, que todos los votos valgan igual, porque este es un pilar fundamental del sistema electoral que no puede romperse a capricho del partido gobernante en Madrid. Y más en realidades políticas como la madrileña donde hasta ahora el voto era prácticamente la única forma de participación política.

La división en circunscripciones provoca diferencias sustanciales entre el porcentaje de voto y de escaños, es decir, más votos dan lugar a menos escaños como ya hemos visto en otras comunidades autónomas con varias circunscripciones, o menos votos pueden dar lugar a más escaños. Decir que así se conocerán mejor a los representados es otro argumento que no se sostiene aunque sean circunscripciones de 400.000 habitantes. O si no, ¿cuantas personas son capaces de decir los nombres de diez concejales en su ayuntamiento teniendo éste más de 50.000 habitantes? Los problemas son otros y entre ellos la utilización de los medios públicos de comunicación al dictado del gobierno en lugar de estar al servicio de los ciudadanos y de todos sus representados.

Los ciudadanos quieren más y mejor democracia y esta reivindicación pasa por profundizar en la participación. Ya no estamos en un modelo elitista de democracia donde los ciudadanos participan poco y solo cada cuatro años votando. Estamos en una sociedad donde se demanda más participación y no solo electoral, trasparencia y decisión por parte de los ciudadanos, junto con sus representados.

Con medio millón de parados hay otras prioridades en Madrid.