Así, demuestra que vivimos en un mundo extremadamente móvil, donde la migración no es sólo inevitable, sino también un derecho fundamental de las personas. Casi mil millones de personas, es decir, una de cada siete en el mundo son migrantes. El informe titulado “Superando barreras: movilidad y desarrollo humanos” concluye que la migración puede mejorar el desarrollo humano de todos, tanto de quienes se desplazan como de las comunidades de destino e, incluso, de los que permanecen en su lugar de origen pero se nutren de los beneficios del esfuerzo de quienes se trasladan.

Contrariamente a lo que se cree, la mayor parte de las migraciones ocurren dentro de los países y, después, de unos países pobres a otros países también pobres. Sólo un 30% de las migraciones internacionales tienen como destino los países más prósperos. Además, diferentes estudios que se citan demuestran que los más pobres son los que menos migran por no poder afrontar el gran desembolso material que generalmente se requiere. Por ello, los colectivos más desfavorecidos son quienes menos se pueden beneficiar de avances tan importantes como los que obtienen los que emigran, tales como aumentos de más de 15 veces de sus ingresos y disminuciones mayores de 16 veces de la mortalidad infantil a nivel general. El informe señala también que las ventajas más contundentes las experimentarán las generaciones posteriores a quienes “dan el salto”.

A pesar de las opiniones imperantes, quienes emigran suelen aumentar el producto económico de los países de destino, dando más de lo que reciben. Según la información exhaustiva que se desgrana la inmigración aumenta el empleo en las comunidades receptoras, no desplaza a los trabajadores locales del mercado laboral y mejora las tasas de inversión en nuevas empresas e iniciativas. El impacto global de los migrantes en las finanzas públicas, tanto nacionales como locales, es bastante reducido, existiendo numerosas pruebas de los beneficios en otros ámbitos, como la diversidad social y la capacidad de innovación.

Aunque, como se ha dicho, quienes emigran pueden aumentar sus ingresos y mejorar sus perspectivas de educación y salud, el informe sostiene algo más importante: ser capaz de decidir dónde vivir es un elemento clave de la libertad humana. Por ello la reducción de las barreras y otros obstáculos al movimiento de las personas, así como la implantación de políticas que garanticen mejor los derechos de los migrantes, pueden traducirse en grandes avances en materia de desarrollo humano para todos.

Algo que la opinión pública europea y los legisladores de nuestros países parece que no acaban de comprender.

(Se puede consultar y obtener el Informe de Desarrollo Humano 2009 en la página web: http://hdr.undp.org/es/informes/mundial/idh2009/)