Al nuevo equipo económico de Washington se incorporó Robert Rubin, un hombre de Wall Street que había sido el más importante recaudador de fondos para el partido demócrata durante la campaña y luego se convertiría en el mentor de una generación de dirigentes de ese partido, incluidos los incorporados al equipo de Obama.

Robert Rubin, entonces director del recién creado Consejo de asesores económicos, creía firmemente en el equilibrio presupuestario y en la importancia de establecer una relación cordial con el “mercado de los bonos” con el fin de dotarse de unas bases sólidas para el crecimiento a largo plazo. La teoría defendida era que el mercado de los bonos del Tesoro solía desconfiar de los presidentes demócratas; y si ese mercado sospechaba que Clinton iba a caer en la “irresponsabilidad fiscal” (en el déficit persistente), demandaría mayores rentabilidades para comprar deuda del gobierno estadounidense, empujando al alza a los tipos de interés en toda la economía y ahogando así el crecimiento económico.

En consecuencia, al comenzar 1993, la influencia de Rubin –que luego fue Secretario del Tesoro– se dejó sentir en la reunión del equipo económico de Clinton donde se acordó que la reducción del déficit debía de ser la primera prioridad con el objetivo de lograr credibilidad ante Wall Street. Y uno de los asesores del Presidente, John Carville, después de adoptarse esa decisión política, comentó:

“Yo solía pensar que si hubiera reencarnación, me gustaría regresar de Presidente o de Papa o de estrella del béisbol. Pero ahora pienso que me gustaría volver como “mercado de bonos” porque puedes intimidar a todo quisque”.-