Si no es posible salir de la crisis por las buenas, lo haremos por las malas, parecen insinuar los altos dirigentes europeos, quienes después de estrujarse mucho el coco, deben saber bien en qué se gastan los europeos gran parte de sus salarios.

Si pensábamos que la salida a la crisis estaba en la investigación, o en la cultura, por ejemplo ir al cine o al teatro, o quizás leer, no digo yo que poesía, sino algún magnífico thriller, ¡pues no!, estábamos equivocados. La salida a la crisis está en los negocios ilegales.

Claro, el primer problema es cómo contabilizar negocios ilegales, porque si son ilegales no deberían figurar en la contabilidad oficial, ¿verdad? Es algo así como las cuentas B del PP, que, muy serio y riguroso Rajoy dice “todas las cuentas que hemos entregado al Tribunal de Cuentas es la contabilidad oficial”, ¡faltaría más!, sólo faltaba que en un acto de arrepentimiento católico o de honestidad desconocida entregaran la contabilidad B.

Pero Europa va más allá. Y a España le viene bien: porque contabilizar la prostitución supone que nuestro PIB español crecerá de golpe entre un 2,7% y un 4,5%. ¡Milagro español! Quién nos iba a decir que nos sacaría de la crisis la doble moral, producto de la educación católico-franquista, donde todo señor que se preciara tenía una “querida” fuera de casa.

Ya imagino las escenas. A partir de ahora, en lugar de ir una patrulla de la policía especialista en tramas de trata de mujeres, o de alijos de drogas, ahora irán los inspectores tributarios a comprobar si el negocio ilegal está cometiendo “fraude” al no declarar a la Hacienda Pública.

Y poco falta para que Montoro aplique también el 21% del IVA a los servicios de prostitución. ¿Y por qué no? Si la gente maloliente de la cultureta paga IVA, ¿por qué no deben hacerlo los clientes que acuden a servicios de prostitución? Esto es lo que la vicepresidenta persigue con tanto interés cuando habla de fraude fiscal de los trabajadores.

Conozco muchas carreteras de la Comunidad Valenciana donde, entre naranjos y en el borde del asfalto, a cualquier hora del mediodía, se pasean señoras con poca ropa (y no por el calor estival), esperando que pare algún coche para adentrarse en los caminos rurales. Siempre me he preguntado por qué la policía no tiraba del hilo y procuraba saber cuál era la situación de esas mujeres: de dónde venían, cómo venían, quién las prostituía, a quién pertenecían, si era una prostitución forzada. Pero ahora, cuando vea a la guardia civil, ya sé que serán enviados del Ministerio de Hacienda para comprobar que emiten una factura en condiciones, con IVA incluido.

Hace poco leía una de las tantas escalofriantes noticias sobre el maltrato a la mujer. La policía española perseguía a las mafias nigerianas que traen a España niñas y mujeres para ser prostituidas, después de haber sido violadas, golpeadas, secuestradas y tratadas, según la policía “con extrema crueldad”.

¿Es esto lo que va ahora a contabilizarse en el PIB español?

Hace años que pienso que se debía abrir el debate de la legalización de las drogas blandas. Igual que ha hecho Uruguay, con el fin de golpear a las mafias. El PP siempre ha sido un moralista extremo y un mojigato. Salvo ahora, que Montoro ha encontrado buenas razones para que la droga sea “tolerable”: la recaudación.

¿Es el mismo debate la droga que la prostitución? ¿Hemos de considerar que ambos negocios afectan por igual los derechos humanos? ¿Hasta dónde está el límite de nuestra moralidad a la hora de recaudar caja?