Los más nerviosos, fatalistas y agoreros no debieran perder de vista, no obstante, que el PSOE aún tiene potencialidades importantes; y, por lo tanto, no debe desaprovechar la demanda que existe para que alguien con posibilidades y competencias lidere el cambio que millones de españoles consideran acuciante.

En las circunstancias actuales, y ante el estado de opinión desconfiado y distante que se ha ido extendiendo, ¿qué tipo de liderazgo le convendría más al PSOE para recuperar la confianza y organizar la esperanza?

Los más frívolos y superficiales podrían decirnos –a veces dicen- que sería bueno contar con un líder joven y agraciado, con una sonrisa cautivadora y una gran capacidad de comunicación y empatía. Es decir, algo así como un galán de televisión. Y si además es mujer –añaden algunos- miel sobre hojuelas. A lo cual se une, en ocasiones, un nerviosismo extremo y casi obsesivo en la reclamación permanente de nuevos líderes.

Más allá del riesgo de transmitir una imagen de inestabilidad y de poca seriedad en un cuestionamiento permanente de los líderes elegidos, si nos atenemos al fondo de la cuestión, la verdad es que en circunstancias de crisis de credibilidad, de graves incertidumbres económicas y de notable erosión moral, cuesta trabajo saber si algunos hablan realmente en serio, o si aún viven sumergidos en una burbuja de champán. Las cosas han cambiado radicalmente y aún van a cambiar mucho más, y los que crean que todo se puede arreglar con un poco de ‘glamour’ y una sonrisa ‘profidén’, o bien están en las nubes, o bien son unos mercenarios al servicio de poderes e intereses que lo que realmente quieren son partidos débiles, anodinos, desprestigiados, inestables e intercambiables; hasta que el modelo establecido ya no aguante más.

Lo que se necesita ahora básicamente es generar confianza y seguridad en un proyecto alternativo, bien trabado y estudiado. Cuando las cosas van mal y arrecia el temporal, los ciudadanos quieren personas competentes, experimentadas y fiables al timón. Por lo tanto, si quisiéramos dibujar la imagen ideal de un liderazgo para el PSOE en estos momentos lo primero que habría que pensar es en un perfil de alta competencia, inteligencia, fiabilidad y rigor. A lo cual habría que unir una buena capacidad explicativa y pedagógica, porque los ciudadanos ahora no se fían a priori, sino que quieren entender y que se les explique bien lo que sucede y lo que se puede o no se puede hacer.

En conexión con lo anterior, el liderazgo que el PSOE necesita proyectar en estos momentos ha de caracterizarse por su capacidad de empatía con los sectores sociales que están sufriendo en mayor grado los afectos de la crisis, y por una voluntad resuelta de ser veraces y defender netamente los intereses y necesidades de estos sectores sociales. Lo cual supone un liderazgo con autonomía de los grandes grupos de interés económico y comunicacional. De ahí que el comportamiento de algunos de estos poderes pueda acabar siendo un buen test para comprobar –y anticipar- si este requisito se da o no se da.

Otro componente importante en la valoración del liderazgo que actualmente se necesita es la capacidad para formar e impulsar equipos competentes, lo más competentes y eficaces que resulte factible sin poner en riesgo el requisito imprescindible de la cohesión y la coherencia política. Algunos experimentos y ocurrencias del pasado han dejado a muchos electores bastante escaldados. Por eso va a ser necesario enfatizar debidamente este aspecto.

Finalmente –y aún sin agotar el tema- en las circunstancias actuales de desprestigio de la política y de alta sensibilización ante los problemas de corrupción, un partido que aspire a recuperar la confianza perdida y aglutinar a amplios sectores de opinión tiene que tener un líder de una honradez totalmente probada y contrastada, sin que existan dudas ni sombras sobre su verdadero propósito de realizar un servicio público, con altura de miras, con voluntad integradora y con suficiente autoridad (también a nivel interno del PSOE), en base a un proyecto de interés general.

Todo esto nos remite a un liderazgo político de primera división, a personas con verdadero fondo político, que no se pongan nerviosos, que no den bandazos ni se dejen llevar por la improvisación ni el espíritu de ocurrencia y que sean capaces de anteponer a sus filias y sus fobias el interés general y la necesidad de unir voluntades. Es decir, lo que se necesita ahora es ese tipo de liderazgo que se requiere para los momentos difíciles. Un liderazgo que tarde o temprano pueda acabar convenciendo y sumando voluntades. Y esto hoy en día no se hace con una sonrisa ‘profidén’, sino con un trabajo sereno, constante y metódico. Y, por supuesto, inteligente.

Como algunos acostumbran a decir últimamente: Se puede.