En España según el informe ‘Maltrato infantil en la familia en España’, publicado en el año 2011, los más pequeños de nuestra sociedad son objeto de este tipo de episodios en sus diversas dimensiones. Entre los 0 y los 7 años se dan más casos de maltratos físicos (59,68% de las víctimas). En el tramo de 8 a 11, se observa una mayor prevalencia de los psicológicos (60%). Por último, entre los 12 y los 17 años se producen a partes iguales físicos y psicológicos (54,55%).

En este sentido, la última ‘Encuesta de Infancia en España’ del año 2008 consigna que nos situamos en un cifra de más de 3.800 víctimas de malos tratos en el ámbito familiar, que existen entre 140.000 y 175.000 a los que al menos uno de sus padres pega con frecuencia, confirmándose, además, una relación proporcional de incremento de esta modalidad de violencia conforme aumenta el tamaño de la población, con la salvedad de las metrópolis, en donde hay una mayor protección hacia este sector de población.

La ‘Fundación de Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo’ (Anar), con más de cuarenta años de historia, hizo público el pasado mes de abril datos relativos al número de usuarios que atendieron en el año 2012, a través de las 14 líneas telefónicas de las que disponen. La realidad no deja lugar a dudas, la violencia contra los mismos se incrementó, según esta entidad, en un 13,6%, lo que nos enfrenta a un número total de 1.778.Un 28,7% llamaron a ‘Anar’ a consecuencia de maltratos físicos en sus familias, el 14,7% por maltratos psicológicos, el 12,4% por abandono de hogar, el 11,5% por abusos sexuales y el 6,9% por violencia de género. Un fenómeno, éste último, en alza entre los adolescentes, que no identifican con violencia de género algunas situaciones que viven con sus parejas.

Por otro lado, los avances en las tecnologías de la comunicación y la información han hecho emerger nuevas formas de abuso y explotación sexual. El desarrollo de Internet ha facilitado el intercambio de material desde cualquier parte del mundo y las imágenes de abuso sexual a menores han aumentado considerablemente, tal como recogen los medios de comunicación con regularidad y como se detalla en el ‘III Plan de Acción contra la explotación sexual de la infancia y la adolescencia 2010-2013’, en donde se dice que: “… Tan sólo en España en los últimos cinco años han sido arrestadas más de 1.200 personas relacionadas con estos delitos”, lo que ha conllevado actuaciones específicas de detección policial y de nuevas medidas de protección.

A la vista de las informaciones disponibles se confirma que el problema en nuestro país está “vivo”. Los datos hablan por sí mismos, pese a lo precario de su conocimiento (de hecho, se estima que sólo entre el 10% y el 20% de los casos de malos tratos infantiles se detecta en los países desarrollados).Y uno de los principales retos es incrementar la sensibilización social para protegerles y proveerles de seguridad física y emocional.

Así se expresa la Recomendación cuatro del Informe de las Naciones Unidas sobre violencia contra los niños, niñas y adolescentes de octubre de 2006: “Recomiendo que los Estados y la sociedad civil procuren transformar las actitudes que aceptan o consideran normal la violencia contra los niños, niñas y adolescentes, incluidos los papeles de género estereotipados y la discriminación, la aceptación de los castigos corporales y las prácticas tradicionales dañinas. Los Estados deberían garantizar la difusión y comprensión de los derechos de los niños, inclusive por parte de los niños. Se deberían utilizar campañas de información para sensibilizar al público sobre los efectos dañinos que tiene la violencia en los niños. Los Estados deberían alentar a los medios de difusión a promover valores no violentos y aplicar directrices para garantizar un pleno respeto de los derechos de los niños en toda cobertura informativa”.

Y desde luego en España debería promoverse y aprobarse con celeridad una ley integral contra la violencia infantil ante la deriva perversa de estos dramáticos sucesos y sus efectos sobre los más indefensos de la sociedad.