En eso hay una diferencia esencial entre Zapatero y Rajoy. El primero hacía lo que hacía en aparente conflicto machadiano con sus entrañas. Sus despropósitos en la abundancia (con una prodigalidad indiscriminada, nada progresista, mucho menos socialista) no ocultaron su asco al enfrentar las consecuencias de sus actos de gobierno. Pero aprendió, parece, que obligado te veas para que lo creas. Rajoy, por el contrario, practica el obligado te creas para que lo veas. Donde Zapatero eran recortes obligados, ahora en Rajoy son optimizaciones de gasto, incremento de funcionalidad, evitación de duplicidades, eficacia, eficacia, eficacia. Ya no es solamente obligación. Hay optimización. En Grecia e Italia tienen Gobiernos tecnócratas. “Ídem”, “eadem”, “ídem” en España. Eso nos quieren hacer creer. Que todo esto nos hace mejores. En España, la incapacidad para pensar en el bien común de sus gobernantes (de ahora y de siempre) hace que la inteligencia duela hasta el tuétano. Mejor dejarlo aquí.

Existe una sobredosis de explicación de lo económico. Una carencia notable de análisis sobre su impacto y transformación de lo político. Lo que sucede, lo que sucedió y lo que sucederá es tan conocido, tan obvio y tan evidente como inútil e ineficaz es ese conocimiento para cambiar el rumbo económico. Este cuento no es el de los tres cerditos y el lobo, como quieren hacernos creer Sarkozy y otros. Lo que está en juego es la Unión Europea como actor global: económico y político. Y nos han hundido. Es difícil encontrar una época donde la desconfianza entre las sociedades europeas sea mayor. Con el apoyo y refuerzo de los políticos nacionales y los medios de comunicación. ¿A quién sirve el fomento del desprecio hacia los griegos o los españoles? ¿La desconfianza con los italianos? Los políticos conservadores de Europa compiten por el merito de mejorar en cabeza ajena; pero es evidente que a ellos les es útil sólo en el corto plazo. ¿Qué será de Alemania o Francia, ellas solas en el mundo? El nacionalismo feroz es difícilmente compatible con la idea misma de Unión Europea. Pero sí con una Europa, como siempre, fragmentada y enfrentada. Acobardada y dependiente. Los Fondos de pensiones están en Alemania. Pero los jubilados están en Grecia, Italia, España, Francia y otros lugares al parecer despreciables. ¿Alguien aprecia algún conflicto emergente consecuencia de los nacionalismos retornados?

La burocracia europea compite en la ceguera. Habla con soltura de los privilegios de los funcionarios en varios países europeos. Para nosotros quisiéramos la mitad de los suyos. Poco a poco, la Unión Europea ha pasado de ser la solución a ser una parte importante del problema. Se añoran los tiempos de la propia moneda, de la independencia para marcar las políticas económicas. Media Europa piensa como marcharse. Y la otra media como librarse del carácter meridional. Si Europa fue un proyecto sobre todo económico, el mismo poder económico la ha arruinado. Y con él el proyecto político.

Es más. Los mismos que han secuestrado la deuda pública intentan por todos los medios rescatarnos. Hay beneficio en el secuestro y beneficio en el rescate. Intentan los Gobiernos ganar credibilidad, lo que es imposible cuando se trata de ganar dinero. ¿Quién no prefiere ganar cinco a ganar cuatro? Poco a poco se adivina tras el proyecto económico el plan político. Al menos por sus efectos secundarios evidentes: la Unión Europea está a punto de caramelo para los golosos. Su potencial influencia en el mundo, devastada. Como ya sabe Suiza, mejor acuerdos bilaterales que globales. Y no hay enemigo externo que culpar. Todo esto no habría sido posible sin la inestimable ayuda de nuestros amigos y nuestros actos. Vale.