En sociedades del riesgo y de la incertidumbre como en las que vivimos, con tendencia hacia la desarticulación social, la perspectiva orweliana cobra especial relieve en el discurso de la extrema derecha internacional, que entregada a las ideas nietzschenianas hace suya la contingencia de que la democracia conlleva un despliegue de nihilismo y que solamente ciertos individuos superiores pueden quebrantar la moral del rebaño. Y para ello que mejor que vigilar a ese rebaño, aunque ello conlleve entrometerse y transgredir el derecho a la intimidad y privacidad personales.

El nuevo Gran Hermano está por doquier y ninguno podemos escapar a su omnipresencia. Las nuevas tecnologías han favorecido este proceso. Les invito a que hagan ustedes un pequeño experimento. Con su ordenador personal y conexión a INTERNET accederán en menos de cinco minutos a una cantidad extraordinaria de información de cualquier persona. Podrían localizar su dirección particular o número de teléfono. A través de redes sociales como facebook, que se publicita como una herramienta que “… te ayuda a comunicarte y compartir tu vida con las personas que conoces” localizar dónde trabaja, cuáles son sus gustos, cómo es su vida, cómo es su familia, etc…

Asimismo, cualquiera estaría en disposición de conocer sus inmuebles, accediendo, a través de determinados requisitos, al Registro de la Propiedad, comprobar si se encuentra en bases de datos de impagados (Credit Bureau, Rai, Asnef Equifax, etc), e incluso si tiene abiertos expedientes judiciales por esta causa o si sus empresas se encuentran en una situación concursal. Además, bastaría con acceder a cualquier servidor de INTERNET para localizar más información, quizá no prevista inicialmente y que, en algunos casos, violenta la debida protección de datos. De hecho la empresa de medios Yahoo localiza mensualmente una media de 2.500 datos entre sus doscientos cincuenta millones de usuarios en todo el mundo y los utiliza con fines publicitarios (“Targeting del comportamiento”). Stephen Baker en su libro los “Numerati”, sostiene que los nuevos gurus de la humanidad son los ingenieros, los matemáticos y los informáticos que analizan todos nuestros movimientos en la web, generando mapas de nuestros gustos e intereses.

Otras dimensiones del Gran Hermano actual, en las que no tenemos capacidad de entrometernos y estamos a su albur, se concreta en las miles de cámaras de vigilancia situadas en los espacios públicos (calles, centros comerciales, lugares de trabajo, espacios de ocio, etc…) de todo el mundo y que vigilan al segundo los movimientos de millones de personas. Sólo en España, las denuncias contra la videovigilancia se duplicaron en el año 2009, hasta llegar a 721. También se dispararon las denuncias interpuestas por ciudadanos, cuyos datos personales habían sido introducidos en bases de datos de morosos (783 frente a 349 del año 2008) o las asociadas a la Red, cuando por ejemplo se utiliza información personal y se difunde de una forma no autorizada a través de foros, blogs o portales de video como Youtube.

Como puede comprobarse cada día es menos factible evitar el poder de este nuevo Gran Hermano, del que paradójicamente nos convertimos en cómplices, al tiempo que nos examina con una intensidad nunca hasta ahora posible. Por ello empezamos a vivir en un mundo orwelliano, y debemos ser conscientes, de igual modo que lo era Winston Smith, personaje principal de la obra 1984 que “el gran hermano nos vigila”, y disputar con todas nuestras fuerzas para eludir que la deriva que sigan las sociedades actuales no hagan suyas las consignas del todopoderoso Partido en el poder de la ficción de Orwell:

“La Guerra es la paz.

La Libertad es la esclavitud.

La ignorancia es la fuerza”.