En este sentido, es seguramente más significativo el aumento en la afiliación a la seguridad social en 60.000 personas en términos interanuales, tras un muy mal año 2013 en cuanto a altas en el sistema de cotizaciones se refiere. Para poder determinar si en efecto hay un cambio de tendencia, resulta mucho más seguro recurrir a los datos trimestrales de la Encuesta de la Población Activa, que no se conocerán hasta el mes de abril. Lo que sí confirman los datos de los servicios públicos de empleo es que la gran mayoría de las nuevas contrataciones son temporales o a tiempo parcial, factor clave en el abaratamiento de los costes laborales, junto con la moderación salarial y las reducciones de plantillas.

En este sentido, la estrategia económica del Gobierno centrada en un abaratamiento a ultranza del factor trabajo sí parece estar dando un resultado concreto en cuanto al buen comportamiento del sector exterior en 2013 (las exportaciones) que alcanzará en ese año según las estimaciones una cifra récord de 350.000 millones de euros, equivalente al 34 por ciento del PIB. Así, esta mejora en la competitividad de la economía española pone a nuestro país solamente en segundo lugar después de Alemania en capacidad exportadora. El aumento de las exportaciones y el descenso de las importaciones por la caída de la demanda interna está acercando a España al equilibrio comercial, es decir a la paridad entre lo que se exporta y lo que se importa. En el último año, la tasa de cobertura fue del 94 por ciento, es decir el desfase entre las compras y ventas de bienes y servicios entre España y el exterior fue del 6 por ciento a favor de las importaciones, equivalente a 14.000 millones de euros. En conjunto, la cuenta corriente (que incluye tanto la balanza comercial como las rentas generadas en el exterior) alcanzó por primera vez desde 1986 un saldo positivo del 0,7 por ciento del PIB, igual a 7.000 millones de euros. Antes de la crisis, en 2007, España alcanzó un déficit por cuenta corriente del 10 por ciento del PIB. Desde el punto de vista del re-equilibrio de su balanza de pagos, la economía española ha logrado un éxito significativo, pues las crisis financieras y de deuda pública suelen tener en su base desequilibrios en la cuenta corriente, sobre todo en una unión monetaria que no dispone de respaldo fiscal y financiero para absorber el choque de recesiones asimétricas. Cuando existe una disparidad grande en la cuenta corriente, el diferencial debe cubrirse con endeudamiento público y privado, lo que a medio plazo puede originar crisis de confianza en la estabilidad de la deuda pública.

Es por tanto prioritario mantener esta posición de equilibrio en nuestra balanza por cuenta corriente, pero se ha pagado un precio muy alto en términos de empleo, con la destrucción de millones de puestos de trabajo. Y lo cierto es que se podría haber alcanzado este ajuste priorizando la moderación salarial en el marco de pacto de rentas (no olvidemos que los grandes Bancos siguen obteniendo beneficios obscenos, sangrando al depositante con comisiones y especulando con los bonos del Estado) sobre el abaratamiento del despido y la reducción de plantillas.

Tampoco va a ser fácil que las importaciones no repunten, pues España sigue siendo dependiente del exterior en materia de bienes de equipo, al tiempo que las exportaciones han perdido algo de fuelle en términos interanuales a partir de noviembre de 2013. Será preciso, por tanto, mejorar nuestra base tecnológica para no fiarlo todo a la competencia en costes salariales. Por último, desde el punto de vista del crecimiento económico, cabe dudar de que el sector exterior pueda por sí solo, sin la concurrencia de la demanda interna y del gasto público, absorber a medio plazo el enorme ejército laboral de reserva (el alto paro).