En un interesante artículo publicado en el Financial Times el 7 de octubre de 2015, Lawrence Summers, ex ministro de economía y finanzas de los Estados Unidos durante la presidencia de Bill Clinton, y posteriormente asesor de Barack Obama, describe un escenario tenebroso para la economía mundial, con bajo crecimiento del Producto Interior Bruto en los países industrializados, el parón de China y la desaceleración en los productores de materias primas, lo que puede conducir a una recesión global.

En su opinión, la política monetaria practicada por el mundo atlántico, con tipos de interés (el precio del dinero) próximos a cero en términos nominales, no ha logrado aumentar suficientemente la tasa de crecimiento económico, por lo que la economía capitalista madura podría haber entrado en la fase denominada de estancamiento secular, caracterizada por incrementos moderados en la producción de bienes y servicios, baja inflación, e inversión insuficiente.

En este contexto, Summers considera que no es apropiado insistir en las llamadas reformas estructurales, ya que la economía mundial no tiene un problema de oferta, sino de demanda agregada. Por ello, el autor del artículo propone políticas fiscales más expansivas a financiar con un mayor volumen de deuda pública, sobre todo teniendo en cuenta que con tipos de interés tan bajos es posible realizar emisiones a largo plazo con reducidos costes financieros para el Estado. El exministro estadounidense, en el caso europeo, llegar decir que el límite del 60 por ciento del PIB del stock de deuda pública -recogido en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento- debe ser aumentado.

Asimismo, hacia el final del artículo se propone, de manera elíptica, que los bancos centrales amplíen sus programas de compra de activos financieros a aquellos cuya prima de riesgo pueda ser reducida, por efecto de dicho plan de adquisiciones[1].

Dado que estos programas conocidos como de «expansión cuantitativa» se han concentrado hasta ahora en la compra de títulos de deuda pública, lo que ha contribuido a rebajar los tipos de interés a largo plazo, en la propuesta de Summers cabría considerar que los bancos emisores de moneda intervengan con adquisiciones en el mercado bursátil, es decir, que compren acciones.

Esta poco convencional medida trataría de inyectar capital directamente en las empresas, saltándose el circuito bancario, a través del cual el crédito estaría circulando a un ritmo menor del adecuado (bien por la renuencia de los bancos a asumir riesgos, bien por aversión de consumidores y empresas a aumentar su nivel de endeudamiento).

Por su parte, el profesor de economía Giacomo Corneo, de la Universidad Libre de Berlín, ha propuesto que sean los Estados quienes inicien un programa de compra de acciones para aumentar el capital público y reducir la desigualdad, además de para recuperar presencia en algunos sectores estratégicos de la economía[2]. Corneo se apoya así en los trabajos de Piketty, que encuentra una correlación entre privatizaciones y desigualdad. Para financiar este plan, Corneo propone recurrir también a emisiones de deuda pública.

Es importante tener en cuenta que un programa de estas características, si contara con suficiente apoyo político, podría ser implementado por la Unión Europea, ya que el Tratado no prohíbe que ésta se endeude (solamente que mantenga un presupuesto equilibrado). Dado que el capital captado como deuda pública se invertiría en activos (acciones) no se incurriría en déficit.

[1] «They must be prepared to consider support for assets that carry risk premiums that can be meaningfully reduced», se dice en el texto original en inglés.

[2] http://www.wiwiss.fu-berlin.de/fachbereich/vwl/corneo/publications/Public-Capital_SE-Journal.pdf