Aún no empezó nada realmente serio. No hay música, ni cantantes, ni poetas. Los comentaristas del 15-M destacaban que no había intelectuales. Eso es lo de menos. Nos sobran las razones. Pero para que la gente salga a la calle y además se salga de dentro (desensimisme), necesita música en los corazones. Incluso dieron un grito silencioso. ¿Por qué? El Guernica de Picasso es un gran grito visual. Está lleno de ruido, furia y dolor. Es el cuadro más estruendoso que imaginarse pueda. Teniendo voz, ¿para qué pintar un cuadro? La fiesta del orgullo gay del barrio de Chueca también hace conciertos silenciosos. Toda una vida en el armario y de nuevo hablando con ellos mismos, tras unos auriculares callados. Calla y vota. Calla y come. Calla y compra. Debieron llevar la fiesta de Chueca a Callao. Somos una sociedad encallecida de tanto callar. Cuando llegue de verdad, precederán cantos y poesía. Siempre ha sido así.

El tiempo cambia muchas cosas. Algunas parece que las devasta. Pero la mayoría simplemente las desbasta de ilusión, protesta y empatía. Nuestras voces dejaron de hacer política para ser políticos. Ahora se dedican al Agapimú y la SGAE. No es que tenga nada contra el amor mío, pero sí podrían tener algo más de amor propio. Incluso l’enfant terrible que juega a ser Sabina dice “lo que diga la rubia”. Ya sé que Calamaro es moreno como su tinta. Me refiero a esa entrañable rubia ya desaparecida. No. No es Marilyn. Me refiero a la peseta. Malo, malo. Así estamos. Sabemos que si se calla el cantor se quedan solos, los rapaces buitres de los diarios.

El rey de España visita a su amigo Mohamed VI, preocupado por las revoluciones democráticas y le da la receta de la legitimidad. “Haz un referéndum, de los de SISI emperatriz. Te puedo mandar a un experto cocinero, Martín Villa. O le pido que te envíe la receta del pastel. A mí me fue muy bien, ya verás cómo mejora tu figura internacional.” A diferencia del rey que tiene muchas razones para ser monárquico, diré en descargo de los republicanos que lo son contra su voluntad. Es que creen en la república.

Siempre vuelven llenos de razones. Ganaron la Guerra Civil y con ello la creencia de estar en lo cierto. Ganaron la posguerra y la Transición. Por ello, consideran un ataque decir que hubo un golpe de Estado en España apoyado por fascistas y nazis. Que llenaron España de asco y curas. Y reivindican lo suyo. En Elche, ahora PP, retiran una conmemoración a Pasionaria y dan nombres de calles a alcaldes franquistas. Allí donde ganan, se salen del cuadro. Los que aceptaron que Miguel Hernández era un poeta universal mientras estaban en la oposición, ahora descubren que al niño yuntero le faltan las flechas. Y devuelven su legado. Bono homenajea a los que murieron por sus ideales en la Guerra Civil. ¿Da igual qué ideales? Lo mismo los del Estado de Derecho que los que iban derechos contra el Estado. Para la derecha, y da igual en qué partido milite, nuestra historia es un palimpsesto y no pararan hasta que se escriba finalmente con su letra y música.

Felipe González es militante pero no simpatizante socialista. Obvio, como diría mi amigo argentino imaginario. Todo el mundo debería tener un amigo argentino imaginario. O uruguayo a falta de uno genuino. Decía Quevedo y Villegas, que cuando de pleitos se trata, déjese el río Paraná y éntrese en el de la Plata. Y hablando en plata, González para “ná” es socialista cuando en el pleito entra el “saber estar”. Es más Mimi Pompón. Me lo dice mi amigo argentino imaginario, que mucho sabe de egos y ergos. Aznar no hace falta que diga lo que es. Ya lo sabe media España. En el presente Rajoy raja poco para que no se rajen los abstencionistas, Cospedal se convierte en unidad de medida salarial y Arenas de salarial sin medida.

Por último, una modesta proposición. Swift proponía acabar el dilema de Malthus con lógica y sin moral. Si la superpoblación reduce el alimento y aparecen hambrunas, basta con que los irlandeses se coman a sus hijos para acabar con el problema. Y eso digo yo, que a veces en el problema esta la solución. La iglesia católica española está registrando a su nombre todo lo que toca. No es un milagro como el del vino. Es una normativa de Aznar. Ya saben, hay más cosas en el BOE y la normativa de lo que publican los periódicos. Un incremento patrimonial de miles de millones. Si no quieren frenarlo, ¿saben cuánto podría recaudar el Estado y todos los españoles de tamaño expolio patrimonial? Claro que el impuesto ya pasó de los de mejor vida. Aquí sí que sobra religión y falta un poquito de razón, que diría Mendizábal. Aunque ahora el problema no sea tanto de manos muertas como demasiado vivas.