Esto se debe al cálculo electoral que realizan cada día. ¿A qué responden las acciones de Rajoy, o más bien sus silencios y su permisividad? Podríamos pensar que es una debilidad intelectual e ideológica, o una clara falta de autoridad dentro de su partido. Estoy convencida que los defectos que se le atribuían al principio de su mandato, no corresponden a la realidad. Rajoy silencia, permite, mira hacia otro lado, o no sabe no contesta porque le interesa descaradamente la estrategia populista y que sean otros los que vayan abriendo guerras, enfrentamientos, agitando masas, generando odios, crispando intencionadamente, porque luego vendrá el “hombre sensato y paciente que mira los toros detrás de la barrera a imponer cordura de Estado”. ¡Ojo! Ésta es una estrategia peligrosa pues el PP juega en el borde de la ultraderecha.

No sé ustedes, pero todavía no me he repuesto de la entrada en el Parlamento sueco de la ultraderecha. Haciendo una defensa a ultranza del Estado de Bienestar, una defensa “de que lo nuestro es nuestro y no se puede compartir ni traspasar”, la ultraderecha, subida al carro de los pilares del Estado de Bienestar conseguidos desde la izquierda, alienta el racismo y la xenofobia. ¡Y me da miedo! Porque es un discurso que, como una canción de verano, el estribillo es fácil de cantar y muy pegadizo, sobre todo, en época de crisis económica, donde lo difícil es hablar de recortes y solidaridad a un mismo tiempo.

Repasemos las acciones, silencios y permisos del hombre silencioso de Rajoy.

– el bofetón de Aguirre contra los sindicatos y sus liberados, intentando, con la excusa de la crisis, debilitar al máximo a los sindicatos y de paso la participación asociativa y social. Y todas las autonomías del PP entran al trapo y siguen el ejemplo.

– Aznar acude a Melilla por primera vez en su vida (no lo hizo como Presidente) a despertar fantasmas y rencores, a agitar xenofobias y sentimientos identitarios que se confunden debajo de la bandera del españolismo más rancio y fascista. Pero allí acude luego Rajoy, cuando el camino ya está preparado.

– Ante la expulsión masiva de gitanos de Francia, el PP actúa bajo el oportunismo más peligroso. En Valencia, un diputado autonómico de raza gitana protesta junto a los gitanos, exigiendo a Zapatero contundencia frente a Sarkozy. Mientras, la líder del PP catalán busca rumanos, gitanos, y “personas de mal vivir” entre los rincones de las calles, acompañada de un ultraderechista que publicó un folleto que el PP negó tres veces haber leído.

– Para combatir la crisis económica, el PP, donde gobierna, rebaja y recorta de dónde es más necesario para la protección social: educación y sanidad. Se aprovecha para reducir al máximo aquellos programas (financiados al 50% por el gobierno Zapatero) que sirven para combatir el fracaso escolar. El PP alienta con descaro “el sálvese quien pueda” en educación y sanidad, desviando recursos sin pudor al negocio privado.

– Ante la instalación de nucleares, mantienen una defensa numantina de este tipo de energía, pero alientan sus bases para oponerse al cementerio nuclear. En Comunidad Valenciana, Camps no se ha pronunciado ni una sola vez contra el vertedero nuclear en Zarra (por cierto en terrenos vinculados a la familia del consejero Cotino); hasta que el gobierno Zapatero suelta el globo sonda de la localidad valenciana. Entonces, aparecen las pegatinas de ¡Nucleares no!. Mientras que siguen defendiendo una mayor creación de este tipo de instalaciones.

– Y si llega el debate de los toros, el PP hace bandera de la fiesta nacional, y en la Comunidad Valenciana se propone una ley para defender la fiesta de los toros, mientras que algún diputado catalán aprovecha para que el debate del aborto vuelva con irracionalidad.

Y lo peor, lo más triste, lo más escandaloso, lo más vergonzoso, lo más desmoralizante, la actitud de Rajoy frente a la corrupción. En su partido, los imputados son o no castigados o recompensados en función de su vinculación orgánica, sus raíces electorales, o …. todo lo que saben y pueden contar. El daño que la actitud de Rajoy, incapaz de limpiar el interior de su partido, defendiendo con la boca pequeña, pero con sus primeras espadas como Cospedal, al descarado de Camps y a toda la pandilla valenciana implicada en casos de corrupción, indica que sabe más de lo que nos puede contar.

Populismo, doble moral, corrupción, agitación de masas, ataque a los representantes sindicales o sociales, rebajas en el Estado de Bienestar, y un expresidente como Aznar diciendo: “Debemos restaurar el verdadero sentido de la democracia y sus límites … creo sinceramente que en estos momentos el poder político ha traspasado todos los límites razonables y ha invadido terrenos que no deben ser de su competencia”.

Sinceramente creo que Rajoy aprendió hace mucho tiempo a llevar una máscara de hierro que se ha fundido en su propia piel. Me da igual si el silencio es cobardía o consentimiento, porque las consecuencias de un PP populista y escorado hacia la ultraderecha son dañinas para la salud democrática.