La Encuesta se basa en 2.459 entrevistas personales realizadas en 238 municipios de 48 provincias durante la semana del 24 al 30 de abril, cuando había empezado a aflorar la crisis interna del PP después de que se cuestionasen los nombramientos al frente del Grupo Popular, Esperanza Aguirre sugiriese la posibilidad de presentar candidatura frente a Rajoy y Eduardo Zaplana abandonara su escaño en el Congreso.

En ese contexto, el CIS pregunta a los ciudadanos a qué partido votarían al día siguiente, lo que se conoce como “intención directa de voto”, y ahí el PSOE cosecha un apoyo del 36,9% frente a un 20,9% del PP, lo que supone una ventaja de 16 puntos. Al sumar las simpatías de los que no contestan a esa pregunta, el PSOE sube al 40,3%, casi 17 puntos por encima del PP, que llega al 23,4%.

Con otras preguntas de su Encuesta, el CIS traduce todos esos datos en una estimación de voto para el PSOE del 43,6%, justo lo mismo que cosecharon los socialistas en las elecciones generales. A seis puntos se sitúa el PP, al que se calcula un apoyo del 37,6%, dos puntos y medio por debajo del resultado que logró Rajoy el 9 de marzo.

Esa diferencia de seis puntos entre los partidos mayoritarios, casi el doble de los 3,5 puntos que se registraron el 9-M, no aparecía en las encuestas del CIS desde los meses posteriores al primer triunfo de Zapatero, cuando llegó a ser de 7,2 puntos en julio de 2004. A lo largo de la pasada legislatura, el PP había llegado a recortar su desventaja hasta poco más de un punto de diferencia.

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