La revalidación de la victoria del PSOE sitúa a este partido más cerca de la mayoría absoluta que en 2004 (a sólo 7 diputados, si no hay cambios en la asignación final de escaños). Sin embargo, el descalabro de IU y ERC, que pierden en su conjunto más de la mitad de sus escaños, pasando respectivamente de 5 y 8 a 2 y 3, plantea un cierto problema, en la medida que tanto IU como ERC han sido aliados parlamentarios del PSOE durante la legislatura que acaba de terminar. En este sentido, hay que ser conscientes de que ahora sus cinco escaños no son suficientes para alcanzar la mayoría del Parlamento y que serán necesarias otras hipótesis para lograr la investidura por mayoría absoluta y para aprobar los Presupuestos.

Estos resultados representan un triunfo indudable del PSOE –que en esta ocasión organizó excelentemente la noche electoral– abriendo ahora un debate sobre la mejor manera de tener un gobierno estable durante la legislatura. De momento, parece que el PSOE puede considerar, al menos, tres hipótesis. La primera es operar de manera autónoma, procurando apoyos y acuerdos puntuales algún partido y con algunos de los grupos que van a conformar el grupo mixto, y entre los que sólo dos partidos tienen una caracterización nacional: IU, con dos escaños y la nueva formación liderada por Rosa Díez, con sólo un escaño. Lo cual, revela que esta hipótesis va a presentar complejidades no desdeñables. La ventaja de tal hipótesis es que no exigiría grandes compromisos específicos.

La segunda hipótesis es considerar las posibilidades de un acuerdo estable con CIU, que es el único partido que, con sus 11 escaños (uno más que en 2004), garantiza en estos momentos, por sí sólo, una mayoría parlamentaria suficiente. El problema es cómo podría afectar este tipo de acuerdo la estabilidad y credibilidad interna del actual gobierno del PSC en Cataluña, donde esta formación ha obtenido un éxito notable en las urnas, aportando un buen número de diputados en el Congreso. A esta dificultad ad intra habría que añadir, por supuesto, las valoraciones que procedan sobre el precio que CIU pueda intentar poner a tal tipo de acuerdo, que es plausible que resulte excesivo y quizás inasimilable para bastantes votantes actuales del PSOE. La ventaja de esta hipótesis, en cambio, es la estabilidad que garantizaría para la actual legislatura.

La tercera hipótesis es plantear un esquema de acuerdos nacionales de interés general con el PP que pudiera permitir hacer frente a problemas actuales de no poca importancia: reforma de la legislación electoral, acuerdos estables en Justicia, Educación, convergencia fiscal y social con Europa, política de impulso económico, etc. De momento, para facilitar esta vía habría que lograr que el PP se abstuviera en la investidura, facilitando la formación de un gobierno a Rodríguez Zapatero que no tuviera que hacer concesiones problemáticas a los partidos nacionalistas. La principal dificultad de esta hipótesis es el peso excesivo que tienen dentro del PP los sectores más ultras y agresivos, que ahora consideran que prescindir de líderes como Ruiz Gallardón no da lugar a mayores problemas. Las agresiones violentas a algunos medios de comunicación delante de Génova en la noche del día 9 y los gritos de ¡Zapatero dimisión! Y ¡a por ellos, oé, oé!, cuando ya se sabía que el PSOE había ganado las elecciones sin discusión, no presagian nada bueno, y traslucen un clima de ocio cainita –¡que tanto se alienta irresponsablemente desde la COPE!– que deberíamos intentar desmontar entre todos. Desde los círculos sensatos de la derecha y el centro y también desde la izquierda, abriendo vías razonables de acuerdo e interlocución que contribuyan a neutralizar el extremismo. Desde luego, la ventaja de esta difícil hipótesis es que lanzaría un mensaje de seguridad y de concordia democrática que sería muy beneficioso de cara a la actual coyuntura económica.

Por lo demás, los resultados electorales confirman que el PSOE continúa teniendo buenos graneros de votos y escaños en Andalucía, Extremadura y Cataluña (sobre todo en Barcelona), a los que esta vez se ha unido un triunfo notable en el País Vasco, sin duda influido por el asesinato de ETA a un ex concejal socialista. A su vez, el PP tiene plazas fuertes en la Costa levantina, en bastantes circunscripciones castellanas y en Madrid, en donde el PSOE ha perdido un escaño más y ha retrocedido en términos absolutos en 166.640 votos respecto a 2004, mientras que el PP obtiene casi ciento cincuenta mil votos más, incluso sin Ruiz Gallardón. Los 12 puntos de ventaja del PP en la ciudad de Madrid y los 10 puntos de retroceso en Parla, indican que en el Partido Socialista Madrileño las cosas se pueden hacer mejor y que se debe poner más empeño en sumar más y mejor; sin excluir a nadie ni desviarse de los objetivos principales.

Evidentemente, no deberíamos terminar este primer análisis sin resaltar que el descalabro de un partido como IU, que ha obtenido casi un millón de votos, que sólo se traducen en dos escaños, mientras que otros partidos con los mismos apoyos obtienen once, revelan que existe una disfuncionalidad de la actual legislación electoral, que habría que corregir con urgencia, antes de que se extienda más entre la opinión pública la sensación de que la actual mecánica electoral tiende a ahogar y eliminar voces legítimas, de las que no se puede prescindir en una democracia seria.

*Sólo con una variación de 0,73 puntos –mucho menos que el margen teórico– de error respecto a la Encuesta que publicamos en el número de Diciembre de Temas, que también anticipó los retrocesos de ERC e IU.