Una comunicación gubernamental eficaz debe perseguir ante todo mejorar la información y la relación con los administrados, e incluso con otros públicos internacionales, externos. Una sociedad más y mejor informada, siempre será más cualificada, más libre, más democrática. Lo cual, por cierto y a la sazón, acarreará sin duda una actitud más positiva hacia el emisor de esas comunicaciones esclarecedoras de un planeta cada vez más enredado en millones de continuos estímulos de todo tipo, singularmente comunicacionales.

Así, Zapatero, que tiene por delante todo un recital de diversas líneas políticas, haría bien en dedicarle el tiempo necesario a esta parte imprescindible que no es ya complementaria de la anterior, es que sencillamente es consustancial a la política del siglo XXI, es política en sí misma y con mayúsculas: organizar la comunicación de aquello que quiere hacer.

Téngase en cuenta, al respecto, que no se trata sólo de informar a los ciudadanos con claridad y creatividad, pues el juego democrático comporta vectores comunicacionales antagónicos de la oposición política. Y ésta, al día de hoy, parece que puede ser más diversa -al menos en principio-, dada la decisión expresada en los discursos de investidura del presidente y su apuesta por la relativa independencia en la presente legislatura.

Por todo ello, además, será si cabe más importante que en los cuatro años anteriores, el tipo de comunicación que emane del PSOE como tal, sin olvidar en esto la estructura federalista del partido en el Gobierno y sus complicaciones a la hora de planificar una resultante comunicativa que, sin ser una y sólo una (eso no sólo no es posible, sino que sería muy negativo, a la postre), sí tenga un tronco y dirección comunes suficientemente intensos y que no den lugar al desorden informativo (entropía) en la percepción de los ciudadanos.

Porque de esa entropía ya se va a encargar muy probablemente el Partido Popular, como ha hecho de manera habitual, pero sobre todo cuando está en la oposición. Claro que, para eso, los conservadores habrán de terminar primero con sus convulsiones volcánicas actuales, que preveo que van para largo. Y eso no es necesariamente bueno para el PSOE, porque de este desasosiego del PP surgen así mismo toneladas de entropía informativa. Es una manera de entender el mundo político, y el mundo en general, qué le vamos a hacer.