William Morris, autor inglés del siglo XIX (1834-1896). Pionero del movimiento socialista en Inglaterra, fundando la Federación Socialdemócrata en 1833 y más tarde la Liga Socialista. Como casi todos los grandes pensadores de la época pertenece a una familia acomodada. Estudia en la Universidad de Oxford, arquitectura, arte y religión, lo que no impedirá que se dedique a recuperar la artesanía y los oficios de la época medieval – Morris estuvo estrechamente vinculado a la Hermandad Prerrafaelita, movimiento que rechazaba la producción industrial en las artes decorativas y la arquitectura, y propugnaba un retorno a la artesanía medieval, considerando que los artesanos merecían el rango de artistas. – “como paradigma de la primacía del ser humano sobre la máquina, pero atendiendo a la vez a las más altas cotas de expresión artística”.

Morris basa su relato en un sueño, que tiene el narrador, sobre el predicador inglés John Ball -dirigente de la rebelión social de los campesinos ingleses de 1381, del que se ignoran muchos datos todavía. Fue discípulo de Wyclef y adoptó una actitud mucho más militante y combativa que éste. Desde el púlpito llamó a los campesinos a alzarse contra los privilegios señoriales y a restablecer la igualdad entre los hombres. Echando la mirada para atrás se preguntaba: «Cuando Adán cultivaba la tierra y Eva hilaba. ¿Quién era el gentilhombre?». En 1381 fue uno de los que encabezaron la marcha de los insurrectos campesinos a Londres, de camino ayudaron a los pobres y en la capital reprimieron duramente a los señores y los banqueros. Pero la rebelión fracasó y John Ball fue decapitado o linchado. No obstante el rey Ricardo tuvo que hacer importantes concesiones a los campesinos -.

Es un relato que comienza con una descripción detallada, a caballo entre el paisaje y la etnografía. Los personajes que aparecen, armados con arcos y flechas, recordando la aventura de Robín Hood. Rápidamente el narrador hace aparecer la independencia del hombre sobre los otros hombres, cuando a John Ball le preguntan:

“¿Quién es vuestro señor?

– Ninguno – respondí rojo de cólera-. Yo soy mi propio señor”.

Hace una descripción del proceso de enriquecimiento realmente interesante con un lenguaje sencillo y a la vez contundente: “Esa pandilla de granujas come más de lo que sus estómagos pueden ingerir, llevan capas tejidas a mano y se quedan con todos los beneficios que nos pertenecen” o esta otra “…si se lograra un estado en que la clase rica fuera noble y la pobre digna, entonces vendrían mejores tiempos para Inglaterra y la vida merecería la pena vivirla”.

Establece un paralelismo con Robín Hood en la “lucha contra la tiranía y la búsqueda de la libertad, de cómo la vida en los bosques o en los montes, a pesar del frío y del viento, era más digna para un hombre libre que la de la corte o la ciudad”. Recuerda como Robín Hood roba a los ricos para dárselo a los pobres.

John Ball predica a favor de la solidaridad, hace reflexiones sobre la injusticia y el egoísmo, en un relato lleno de mensajes que pudieran ser actuales, a pesar de referirse al Medievo y estar escritos en el siglo XIX. Es un texto en el que podemos apreciar el tránsito tan complejo que ha necesitado el socialismo para hacer llegar su mensaje desde la reclamación hasta su transformación en realidad institucional. Invita a reflexionar sobre la denuncia, y el compromiso para hacerla, con las injusticias: “Todo eso lo has perdido por no saber callar y por pronunciar palabras en contra de hombres que ostentan el poder…”

Es un relato que apunta una cierta desesperanza ante el camino recorrido en el pasado y las dificultades que aguardan en el futuro a la lucha por la liberación del hombre y por la dignificación del trabajo. Una hermosa historia que cuenta el sueño utópico socialista con un fantástico poder de seducción.