Si nos proyectamos halla, por los Alpes, en la pacifica Confederación helvética, nos encontramos con que, en referéndum, mejor dicho, por iniciativa popular, el pueblo da con la puerta en las narices a los ciudadanos europeos. La Unión europea protesta, ¡no podía creérselo!, declara que va a revisar todos sus acuerdos con Suiza. Ya veremos. Me extrañaría que las empresas que trabajan por encima de las fronteras no se las arreglen para que todo esto quede en una borrasca pasajera. Pero el verdadero problema es que en la primera de las votaciones europeas de 2014, así se debe interpretar el voto, el populismo antieuropeo ha triunfado. Y donde más ha triunfado es en las montañas en las cuales los campesinos no han visto, en su vida, un ciudadano europeo que no sea un turista.

Y para que no quede duda, en Francia, un sondeo serio otorga una intención de voto que supera holgadamente el 30 por ciento al Frente Nacional, hermano del partido suizo que lanzó la iniciativa popular sobre la inmigración. No me creo que este voto se concrete así en las elecciones próximas. En el sondeo se ha expresado el enorme cabreo que impera en la sociedad francesa. Pero ahí están las cifras, y el Frente Nacional tiene fuertes probabilidades de ser el primer Partido, cifras como las de Inglaterra o de Bélgica.

Ya que estamos en temas europeos, hablemos del tema del maíz transgénico. El Parlamento Europeo ha rechazado, por mayoría, la introducción en Europa de un maíz transgénico. La Comisión, respetando sus reglamentos, lleva el asunto a la Comisión de Estados, a lo mejor me equivoco en el intitulado de la reunión, ¡pero es que Europa es tan compleja! En esta reunión 19 países rechazan el dichoso maíz, 4 se abstienen y 4 votan a su favor. Cualquier novato en democracia diría que el asunto está claro, el maíz transgénico está prohibido. Pues está equivocado. Los reglamentos comunitarios imponen para el asunto una mayoría cualificada, es decir que se conforme con la mayoría de los países y los dos tercios de la población representada. Por lo tanto, el maíz aborrecido se podrá cultivar. El que lo entienda que me lo explique. Si es así, ¿por qué no economizar el Parlamento Europeo? Y, de paso, los sustos de los resultados de su elección.

Ultima ilustración volviendo a nuestro país. En el Parlamento se somete a votación secreta una proposición del PSOE. Los socialistas pensaban así ofrecer a diputados, sobre todo a diputadas del PP, la posibilidad de votar en conciencia, conciencia que algunas declaraban no tener muy clara. Pues con todo el secreto del voto garantizado, los diputados y las diputadas del PP votaron, y la palabra es muy ajustada, como un solo hombre en favor de la Ley del aborto. En Francia se designa este tipo de diputados como “diputados-borceguis”, en comparación a la disciplina militar de los soldados. ¡Ni que fueran procuradores a Cortes!

En todos estos casos se respeta el voto, como se debe en Democracia. Pero la organización real del voto conlleva algunas consecuencias desagradables para la Democracia. El mejor ejemplo histórico se sitúa en Alemania, en 1933, con el triunfo electoral de un célebre criminal, Adolfo Hitler.

Esto no debe disminuir nuestra convicción en la Democracia: un ciudadano o ciudadana = un voto. Todo está en cómo se organiza, o manipula, este voto. Finalmente, lo esencial es la educación del votante para que el político le respete, y la educación del político para que sea creíble para el votante. Una cuestión de ética.