1. Las elecciones al Parlamento Europeo son tan comentadas porque el Proyecto Europeo ya es una realidad. Esa realidad puede no gustarnos, desde luego a mí no me gusta, pero existe. Europa puede ser hoy de derechas, ojalá mañana de izquierdas. Podemos temer que un día sea fascista, pero Europa existe.

2. Han hecho campaña formaciones políticas que abogan por la supresión de Europa y la vuelta hacia el Nacionalismo de principios del siglo XX. Aunque irrumpan temiblemente en algunos países, son ciertamente muy minoritarias en el conjunto del continente. Quién puede creer que exista hoy una mayoría para restablecer las fronteras, suprimir la libre circulación de las personas y de los capitales, volver, en los países que lo aceptaron, sobre la existencia del Euro, suprimir la política agrícola común, hacer desaparecer el Banco Central Europeo, renunciar a las solemnes Declaraciones conjuntas sobre los Derechos del Ciudadano, los programas Erasmus, etc. Más numerosos son quienes piden que aumenten las competencias de Europa en materia económica, de Defensa común, en políticas sociales, cada cual desde su perspectiva ideológica y sin llegar hoy por hoy a los necesarios acuerdos. Europa me parece irreversible, aunque se pueda desgastar.

3. A la gente progresista, también moderadamente progresista, no le gusta su funcionamiento. Igual ocurre en cada país con su Gobierno. Podemos afirmar que las elecciones son el método democrático para cambiar el rumbo y así ocurre en las elecciones generales nacionales. Esto no se da en Europa por una sencilla razón: ¿dónde esta el Gobierno?¿Dónde está el Poder ejecutivo?Hay quien dice que está en la Comisión de Bruselas, en ese «Ministerio» donde cohabitan liberales, derechas más o menos cristianas, socialistas, nacionalistas…». Otros en los Consejos de Gobiernos o de Ministros. Algunos dicen que se esconde en los Lobbys. La mayoría ni lo sabe. Cuando la revolución francesa quiso materializar su voluntad de cambio empezó por oponerse al Poder real y luego cortó la cabeza del Rey. La Constitución de Cádiz nació del empeño de transformar una nación frente a un poder extranjero odiado. Nuestra Transición Democrática consiguió consensuar una Constitución porque la mayoría de las fuerzas políticas querían cerrar definitivamente la trayectoria absolutista y dictatorial que marcaba el Poder en la Nación española. Siempre encontraremos que la voluntad política no sólo se materializa en pro de un proyecto sino sobre todo en contra de un Poder existente, visible, palpable, identificable. Añadamos que es difícil, muy difícil, articular un proyecto global creíble y de conjunto para 27 naciones diferentes no sólo por la geografía, sino por una larguísima historia, sin olvidar cantidad de idiomas diferentes.

4. Un Parlamento por lo tanto saca su fuerza de la existencia del poder ejecutivo real que tiene en frente. Así se justifica su existencia y su elección democrática. Esto no existe hoy. No niego los poderes del Parlamento Europeo. Afirmo que cara a los pueblos europeos no tiene función esencial. Por ejemplo anular las decisiones de la Comisión o del Consejo de Gobierno. Ni siquiera tiene, hoy por hoy, poder legislativo. Cuando oigo que se preocupa eficazmente de la protección del consumidor, me alegro, pero las organizaciones de defensa del consumidor no tienen representación política elegible. Convocar a 350 millones de electores de manera conjunta para designar el Parlamento es en teoría perfectamente adecuado al más alto nivel del ideal Europeo. En la práctica lleva a resultados que lo desacreditan.

5. Las razones que he expuesto explican la desafección del electorado. No son las únicas pero me parecen fundamentales. Porque es difícil motivar para elegir un Parlamento que no gobierna, ni controla un Poder ejecutivo que no existe. Además los diputados, de manera injusta, son desconocidos y su actuación sólo es seguida por una ínfima minoría política.

6. Ocurre, es evidente, que quienes votan lo hacen casi siempre por motivaciones nacionales. Se vota a favor o en contra del poder Nacional, que es identificable, perfectamente visible. Las elecciones al Parlamento Europeo se convierten entonces en un test sobre los gobiernos nacionales y la credibilidad de sus respectivas oposiciones, no sobre proyectos europeos diferentes. ¿Cuántos abstencionistas o votantes socialistas han leído el programa del PSE? Ni siquiera se discute públicamente por quién se va a votar para presidir la Comisión de Bruselas, lo que al menos permitiría orientar la campaña electoral.

7, Entonces, hay va la provocación: ¿por qué no cambiar el modo de designación de los diputados europeos? Sería más razonable, volviendo a los primeros tiempos de su historia, que fuesen elegidos por los propios diputados nacionales de cada formación política, después de las respectivas elección es nacionales, suprimiendo una convocatoria europea que más daño que bien hace al ideal de la construcción Europea. Los miembros de la Comisión son designados por sus respectivos gobiernos. ¿Por qué no los diputados por su respectiva representación nacional? Cuando, por fin, fuese seriamente articulado un real y responsable Poder ejecutivo Europeo, ya sería hora de volver a la elección conjunta y directa por todo el pueblo europeo de su Parlamento con plena funcionalidad y responsabilidad. Apuesto que la participación crecería y el debate se centraría en Europa y no en Zapatero si o no, Sarkozy si o no, Merkel si o no….

8. Todo lo dicho no resuelve la terrible papeleta planteada a la izquierda europea. No era mi propósito. Sabemos que la construcción europea ha avanzado paso a paso, sin lanzar proyectos complejos que susciten multiples oposiciones dispares. Cuando lo intentó, tuvo angustias, Maestricht, o fracaso, la Constitución. La izquierda debería inspirarse en esa trayectoria para propugnar dos o tres medidas de expresión sencilla y de significado preciso. Ejemplos; la armonización fiscal de las empresas, la cohesión social tirando de ella hacia arriba y no hacia abajo, la tenaz e irreductible defensa de los servicios públicos.