Esta modificación, propuesta unilateral amparada en la holgada mayoría absoluta, pretende salvar a muchos alcaldes populares amenazados por la pérdida de la mayoría absoluta que suponen los resultados de las europeas y los sucesivos sondeos. La elección directa del alcalde, no por mayoría absoluta, sino por una mayoría relativa condicionada, que bien pueden conseguir una derecha unida frente a unas izquierdas divididas, no la aceptan estas últimas. Pero sus protestas, si solo en protestas quedan, tienen pocas posibilidades de cambiar una voluntad justificada por el pánico a perder Madrid, Valencia y tantas otras ciudades, a un año escaso de las elecciones generales.

La iniciativa de Rajoy ofrece la ocasión de discutir del tema de las elecciones municipales en términos políticos y, parece ser, el Congreso extraordinario del PSOE tiene intención de abrir un foro sobre el tema. Se pueden ofrecer varias pistas. La primera, volviendo a la decisión que se tomó a raíz de las primeras elecciones en democracia, restablecer un pacto nacional municipal con fuerzas de izquierda, como el que sellaron Alfonso Guerra y Santiago Carrillo en 1979, con el resultado de inundar España de alcaldías socialistas. Entonces la decisión se tomó después de las elecciones para promover la elección del alcalde de izquierda más votado. Hoy hay posibilidad de volver a lo mismo o de establecer un compromiso previo al voto. La segunda posibilidad, y quizá sea la mejor forma de parar la iniciativa de reforma electoral del Gobierno, es decidir una candidatura única de las izquierdas a la alcaldía de las ciudades importantes, candidatura que podría alcanzar el 40 por ciento de votos que plantea Rajoy. Esto perfilaría una Unión de izquierdas que el PSOE solo enfocó, y de manera bastante inocente, en las elecciones generales de 2000, con el resultado que se conoce. Esta posibilidad abre un frente totalmente nuevo en la política del PSOE, cuando IU se está convenciendo de que sola no va a ninguna parte, y los socialistas están más lejos que nunca de la mayoría absoluta. Fue tal iniciativa de Mitterand la que llevó al triunfo de los socialistas franceses y a la marginación definitiva del PC francés. Pero desde luego no cuaja con la declaración del nuevo Secretario General del PSOE que quiere llevar su partido a los 11 millones de votos. Ni tampoco hay mucho que esperar de una IU que consiente lo de Extremadura y que más veces sueña con hacer perder al PSOE que en vencer al PP. Pero quizás fuese una buena preparación de posibles y necesarias alianzas si las elecciones generales no otorgan la mayoría absoluta a ningún partido, lo que parece hoy más posible que nunca. Preparación y también aclaración de lo que cada cual está dispuesto a ceder para que las ciudades no sean gobernadas por una derecha mucho más extrema de lo que declara.

Claro que queda una tercera opción, no desdeñable, escoger la vía de una política municipal socialista independiente, sean cuales sean los resultados. Pero en esa opción no sólo hay que confiar en el triunfó de las ideas y de candidaturas con respaldo popular, sino que también hay que aceptar la posible derrota electoral. Esto supone que si se pierde, lo que ocurrió tantas veces en la historia del PSOE, no hay que tirar los muebles por las ventanas y desgarrarse las vestiduras, sino seguir trabajando en las calles y en los tajos, como se decía antaño.

Ultima idea que podría enfocarse: en tiempos de primarias abiertas, de votos directos de los militantes, ¿por qué no se podría estudiar la generalización de la consulta a los ciudadanos de un municipio sobre proyectos que van a impactar su vida, y sus arcas, durante años, como urbanismo, transportes colectivos, por ejemplo, al estilo de lo que se ofrece frecuentemente a los suizos. Acercar la democracia al ciudadano, y el ciudadano a la responsabilidad no es un proyecto menor.

Decía Indalecio Prieto que la política es el arte de las realidades. Los socialistas siempre han afirmado que estas empiezan en los municipios. Entonces es hora de fijar política.