El PP se encuentra lanzado a una campaña electoral “sin complejos”, como ellos dicen, y “sin frenos”, como se está viendo, en la utilización de cualquier procedimientos para intentar ganar como sea. El último episodio en esta carrera sin frenos ha sido el anuncio de la celebración de carreras de Fórmula 1 en Valencia, “condicionada” a que el PP gane las elecciones.

Estamos ante una cadena preocupante de despropósitos pre-electorales que demuestran poco respeto a las reglas del juego. El episodio de la falsificación de impresos de voto por correo en Melilla, el abuso de los tele-reportajes en las televisiones públicas controladas por el PP, la utilización de cuantiosos recursos públicos en publicidad pre-electoral y el condicionamiento de iniciativas, como las carreras de Fórmula 1, forman parte de una estrategia electoral que empieza a bordear los límites del abuso de poder.

Muchos candidatos y estrategas del PP parece que no entienden que en una democracia sana y bien asentada no es suficiente ganar las elecciones (a cualquier precio), sino que es preciso ganarlas con honestidad y credibilidad democrática, de manera limpia. Por ello, las malas artes electorales, en el fondo y en la forma, nos perjudican a todos, en la medida que afectan a la credibilidad de las instituciones.