Informaciones que ponen de relieve la existencia de mundos paralelos en las sociedades de principios del siglo XXI, mundos que revelan la complejidad del ser humano y ponen sobre la mesa la reflexión sobre la crisis multidimensional de una civilización que está siendo canibalizada por los más poderosos, que sin el menor escrúpulo, ni pestañeo arramplan a su gusto, produciendo desmanes e injusticias. Y cuando algunos de ellos, los menos, son aprehendidos como salteadores y malhechores cumplen condenas entre algodones y retoman su vida como héroes victoriosos. Quienes hayan visto la última película de Scorsese, “El lobo de Wall Street” reconocerán en su protagonista al depredador, al paradigma de la codicia y la amoralidad de una época marcada por la artificialidad y la falta de escrúpulos de los poderes financieros.

Dejando la retórica para más adelante, y centrándonos en esa parte oscura y tenebrosa de la naturaleza humana tan bien plasmada, entre otros grandes genios, por Goya en su pintura negra y que se traduce en sufrimiento para la mayor parte de la humanidad, los datos son tozudos y no dejan lugar a dudas.

Según el reciente informe Gobernar para las élites. Secuestro democrático y desigualdad económica de Oxfam Intermon, presentado en el Foro Económico Mundial de Davos: 85 individuos acumulan tanta riqueza como los 3.570 millones de personas que forman la mitad más pobre de la población mundial; en Estados Unidos el 1% más rico de la población ha concentrado el 95% del crecimiento posterior a la crisis financiera; en Europa los ingresos conjuntos de las 10 personas más ricas superan el coste total de las medidas de apoyo aplicadas en la Unión Europea entre 2008 y 2010; o en España la riqueza de las 20 personas más ricas (77.000 millones de euros) equivale a la renta del 20% de las más pobres.

Este escenario de profunda desigualdad, impropio de una humanidad que produce implantes que liberan medicamentos por activación remota o que tiene entre sus objetivos crear máquinas tan inteligentes como los humanos, corre serios riesgos de entrar en dique seco, supone una amenaza para los sistemas políticos y económicos y nos retrotrae a los niveles de desigualdad de la primera mitad del siglo XX.

Ya lo decía Quevedo en una de sus estrofas del poema “Poderoso Caballero es Don Dinero”: “Es tanta su majestad, aunque son sus duelos hartos, que aun con estar hecho cuartos no pierde su calidad. Pero pues da autoridad al gañán y al jornalero. Poderoso caballero es don Dinero”.

Y, como se advierte en el informe de Oxfam“las élites económicas están secuestrando el poder político para manipular las reglas del juego económico, que socava la democracia”, resultando, en este entorno, incompatible la concentración de la riqueza en pocas manos con la democracia. Un contexto que trae consigo, además de procesos de desafección política, un profundo malestar social que en España es ya manifiesto y contribuye a la emergencia de los populismos y de estallidos sociales de una ciudadanía cada vez más activa, que ya no resigna a la falacia de un destino inequívoco por injusto y sinsentido.

Por injusto, por no adecuarse al principio de igualdad entre los seres humanos, y por injusto también por la más que irregularidad que lleva aparejado el no cumplimiento, por poner un ejemplo, del artículo 9.2 de la Constitución Española en donde se dice que: “Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social”. Un desiderátum, que no una realidad objetiva, que simboliza el proyecto de democratización política y social de la idea de ciudadanía Europea desde la segunda mitad del siglo XX.

Hace varias semanas fue investido Doctor Honoris Causa, el profesor Göran Therborn, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia. En su lección magistral destacaba que a principios del siglo XX ninguno de los sociólogos eminentes de la época, considerados padres de la Sociología, anticiparon las dos Guerras Mundiales que estaban por llegar y el extraordinario sufrimiento humano que acompañaría la primera mitad de ese siglo.

A principios del siglo XXI muchos son los intelectuales y entidades internacionales que alertan sobre la inadecuación entre tan altas tasas de desigualdad y el desarrollo humano. Es obligado que desde instancias políticas se adopten compromisos con la finalidad de rectificar la actual situación, que incluyan entre otras medidas, la eliminación de los paraísos fiscales, que se apueste por sistemas fiscales progresivos, que haya transparencia en las inversiones de las empresas y fondos financieros, que sea obligado que los gobiernos dediquen los impuestos a financiar los servicios públicos, que las empresas paguen salarios dignos a sus trabajadores y que se respeten sus derechos laborales.

De no seguir esta senda, las peores previsiones sobre el siglo XXI se materializarían. Y volviendo a las paradojas del ser humano si Verdi, Bach, Mozart, Goya, Velázquez, y otros genios y creadores de sentimientos intangibles y extraordinarios, han hecho posible lo imposible, como no va a ser que el mundo sea más justo y equitativo, siendo así como debería ser.