La directora Kathryn Bigelow, durante un tiempo desaparecida, felizmente vuelve a la primera línea cinematográfica con este intenso thriller bélico, lleno de buenas secuencias de acción y suspense, pero también impregnado con los dramas personales de los que aún luchan en Irak. Flamante ganadora de los Óscar con 6 estatuillas, incluidas las de mejor película y mejor directora, no creo como se ha dicho que haya derrotado a “Avatar”: sencillamente es otro tipo de cine, pero ni mejor ni peor, ambas cintas vuelan a gran altura. La Academia aún es demasiado conservadora como para dar el primer premio a un film cuyos protagonistas estén hechos por ordenador (aunque por debajo subyazca la interpretación de un actor).

Bigelow fue conocida en la década de los 90 (al margen de su matrimonio con James Cameron) por dos películas, «Le llaman Bodhi” (incomprensible traducción de “Point break”) y “Días extraños”, dos potentes películas de acción pero que a la vez tenían un buen trabajo de exploración de los personajes (especialmente en “Días extraños”, una de las mejores películas ciberpunk). “En tierra hostil” (cuyo título en inglés es mucho más acertado, “el que contiene el daño”, que además ofrece una interesante doble lectura) Bigelow demuestra que mantiene el nervio para las escena de acción, incluso que ha mejorado, pero que el corazón del héroe (o antihéroe) es tan importante o más que las luchas que enfrenta.

La historia nos sitúa en Irak y en la labor de los artificieros que diariamente se juegan la vida en desactivar las bombas trampa de la insurgencia iraquí. Frente a otras películas que desarrollan de forma muy extensa apenas dos o tres enfrentamientos, Bigelow nos muestra toda una serie de distintos combates donde la habilidad y la inteligencia suponen la diferencia entre la vida y la muerte. Con soltura de cámara y un montaje rápido que por fortuna no llegan a marear, la directora nos mete en la piel y los trajes de los artificieros: sentimos la opresión del ambiente, el calor y los nervios como si estuviéramos allí. Tanto el montaje visual como el de sonido han sido premiados con sendos óscars.

Sólo por eso la película merece ser vista, pero no sería recordada si no fuera porque junto a esas escenas de acción Bigelow nos adentra en la parte más oscura, la trastienda del conflicto, los sentimientos y las mentes desquiciadas de esos soldados que ven en cada esquina una trampa y en cada iraquí un posible enemigo dispuesto a inmolarse. La película no es una superficial crítica contra la ocupación, simplemente le basta mostrar las consecuencias en la mente destrozada de unos hombres que no saben qué hacen allí, en una misión suicida y a la vez sin sentido, que les va minando por dentro día a día.

Junto al trío protagonista, prácticamente desconocido, tenemos pequeñas apariciones de estrellas como Guy Pearce, Ralph Fiennes, David Morse y Evangeline Lilly, que no roban la escena por el buen hacer de los tres actores. De ellos, especialmente destaca el protagonista, Jeremy Renner, un antihéroe con varias capas, a menudo contradictorio pero sin duda dolorasamente real, en él reconocemos a un ser humano que odia el infierno en el que trabaja pero que a la vez es incapaz de vivir en la paz de su hogar, porque lo que mejor sabe hacer, donde se siente vivo, es en el campo de batalla. La parte del “regreso al hogar” muestra con suma pericia y sencillez, en apenas tres escenas, el desconcertante e imposible choque con el día a día del que ha visto la muerte tan de cerca.

Lo mejor: Junto a las brillantes escenas de acción el personaje principal interpretado por Jeremy Renner.

Lo peor: Que una película del 2008 haya tardado casi 2 años en llegar a nuestras pantallas, y de no ser por los premios que ha cosechado quizás habría salido directamente a DVD.