Los temores y las inseguridades que abruman a determinados núcleos dirigentes están dando lugar a que en España este patrón de comportamiento se haya convertido en obsesivo, hasta el punto que las previsiones sobre los próximos comicios europeos se encuentran claramente estratificadas de acuerdo a las orientaciones de los medios. Por ejemplo, antes del arranque de la campaña electoral, el diario ABC estima que el PP aventajará al PSOE en 4,6 puntos, El Mundo, en 3,5 puntos y El País en 0,4 puntos, lo cual es totalmente irrelevante en términos estadísticos-muestrales; es decir, no se mojan. Y aún es posible que la Encuesta general que hará pública el CIS antes de las elecciones aumente esta supuesta ventaja del PP.

¿Cómo es posible que sondeos realizados en las mismas fechas ofrezcan pronósticos diferentes según el color ideológico de cada cual? ¿Están bien hechas estas encuestas? ¿Son científicas? –se preguntan muchas personas. ¿Qué podemos hacer después de las elecciones si los resultados de las urnas demuestran que hemos sido engañados?

El problema no es pequeño en la medida que en España no existe ni una prensa ni una televisión de izquierdas, con lo cual más de la mitad del electorado puede ser intoxicado y manipulado por unos medios cuyo objetivo en la mayor parte de los casos es, precisamente, que la izquierda concurra a las elecciones que vendrán en las peores condiciones, con los peores candidatos (si es posible), con más líos y fracturas internas y con el mayor grado de desmoralización y desmovilización. De ahí, la exaltación de la antipolítica y la machacona repetición del mantra de “¿para qué votar si todos son iguales y nunca cumplen sus promesas?”.

El clima de condicionamiento que se está alentando es de tal intensidad que hasta los profesionales más honestos y rigurosos tienen problemas para sustraerse a las presiones. A lo cual se unen las propias dificultades para el pronóstico en condiciones tan complejas y volátiles como las actuales.

Una de las soluciones que existen para que los ciudadanos podamos prevenirnos de las intoxicaciones y para que la Sociología electoral no quede aún más desprestigiada, debido a la abusiva utilización instrumental de la que es objeto, es que los medios cumplieran lo que estipula la legislación vigente y publicaran los datos completos de sus encuestas, incluyendo el voto primario, es decir, lo que dicen directamente los encuestados antes de pasar sus datos por las “cocinas” de quienes mandan en los medios y en algunas empresas y círculos de patronazgo. Pero, claro, esto no es lo que les interesa a ciertos grupos poderosos.

A partir de tales condicionantes, las únicas conclusiones que pueden obtenerse de las diversas encuestas preelectorales que se han hecho públicas en España antes del arranque de la campaña –amén de constatar su carácter sesgado e intencional- son las siguientes:

– En primer lugar, se estima que la participación va a ser muy baja, incluso menor que en las últimas elecciones europeas, en las que solo llegó al 44,9%. Algunos pronostican que ahora los votantes apenas llegarán al 40%. Veremos si esto se cumple, o es un mero “whisfull thinking” de algunos.

– En segundo lugar, casi todo el mundo augura un retroceso del voto conjunto que obtendrán el PSOE y el PP, con un “declinar del bipartidismo” –según dicen. Aún así, cada uno de estos partidos se situará en torno al 30%, lo cual significa que aquellos que quieran realizar un voto realmente eficaz, al final tendrán que decidirse por uno u otro partido.

– En tercer lugar, a medida que se aproximan las fechas electorales, los pronósticos sobre IU y UPyD se debilitan significativamente (eso se dice). Lo cual incide en la misma argumentación/reflexión a favor del voto útil.

– En cuarto lugar, en su conjunto, el voto de los partidos de izquierdas supera notablemente al que pueden obtener los partidos de derechas, de forma que, más allá de las lecturas que se hagan de los resultados el 25 de mayo, la realidad subyacente es que el electorado español quiere un giro a la izquierda. Y dicho giro es posible.

Algunas de estas evidencias son claramente enmascaradas u ocultadas por algunos medios de comunicación social, con argumentaciones y presentaciones orientadas a desanimar a los votantes del PSOE, en tanto en cuanto este partido es el único que podría proyectar públicamente una victoria sobre el PP. Victoria que evidenciaría una voluntad expresa de cambio político por parte de la población española.

Los textos de los análisis en los que se presentan los últimos pronósticos electorales en algunos casos son un auténtico paradigma de lo que nunca debe hacer un sociólogo mínimamente serio y riguroso, con un abuso explícito de argumentos a favor del voto por unos partidos (“que tan buena gestión están realizando”), y en contra de otros (“que son confusos, inveraces, que tiene mucho lío interno, etc.”). ¡Vamos, más bien parecen editoriales sectarios que análisis objetivos! Todo ello aderezado por argumentos y consideraciones sobre unos datos que no se publican de manera completa y detallada.

Habrá que ver si todo esto sirve realmente para fortalecer el voto del PP como partido con una imagen vencedora, animando a determinados ciudadanos críticos a realizar un voto meramente testimonial (¿para qué votar al PSOE si no va a ganar?), o a quedarse en casa (¿para qué realizar un esfuerzo inútil?), al tiempo que se intenta disuadir a los posibles simpatizantes de partidos como VOX, de los que se dice que no obtendrán ningún escaño y, por lo tanto, quienes le apoyen harán un voto perdido.

No obstante, es posible que tanta prepotencia exaltadora del PP acabe teniendo un efecto contrario y movilice a los sectores descontentos de la población que entiendan que una nueva victoria electoral apabullante del PP en esta ocasión es lo único que nos faltaba para que el actual gobierno se crezca más en su arrogancia y en su capacidad para añadir recortes sobre recortes y desprecios sobre desprecios, frente a unos ciudadanos que tienen problemas y piensan que este no es el camino por el que hay que seguir. Y, en consecuencia, comprenden que ahora tenemos la ocasión para manifestar en las urnas una voluntad de cambio, y dar un claro aviso de que se quieren otras políticas.

El fuerte retroceso que experimenta el PP, incluso en los pronósticos más extremos y “cocinados”, no debe hacer perder de vista, en cualquier caso, que el PP aún es una fuerza con muchos apoyos y muchos aliados en Europa (entre otros la Señora Merkel y su protocandidato, el Señor Junker), y que los sondeos rigurosos que están realizándose por el Parlamento europeo en todos los países apuntan hacia unos resultados generales bastante ajustados entre los socialdemócratas y los conservadores y populares europeos. Esta previsión –de cumplirse? supondría un avance formidable del Grupo Socialista europeo, que volatilizaría la actual ventaja conservadora en el europarlamento de 81 escaños (265 respecto a 184), e incluso podría permitir ganar a los socialistas en su conjunto, con la consiguiente perspectiva de un cambio en las actuales políticas europeas. Y esto es lo más importante: que por unos pocos votos ahora se puede ganar en Europa.

Si esto es así es porque en muchos países, entre ellos España, la derecha está perdiendo apoyos de manera abultada, a medida que se comprueba el fracaso de sus políticas, no solo en términos sociales, sino también económicos y políticos.

Así, en España las encuestas revelan que –aún en el mejor caso para ellos- el PP pierde más de 10 puntos, mientras que el PSOE gana entre 2 y 4 puntos respecto a la última vez que se ha podido votar. Sin embargo, casi todos los medios de comunicación, cuando tienen que considerar esta tendencia, lo que resaltan falazmente es que ambas formaciones pierden conjuntamente (¿?) su anterior prevalencia bipartidista. ¿Se puede tener mayor desfachatez analítica?

Cuando tengamos otros datos volveremos sobre estas cuestiones.