Como demuestra un voluminoso informe de Greenpeace. El 50% de la electricidad en España podría ser renovable en 2020, etapa clave en el camino hacia un sistema 100% renovable en 2050. Esto sería factible con que no se pusieran obstáculos en el camino de las energías renovables, como manda la Directiva europea de Energías Renovables y como ha recordado el reciente informe del IPCC. Los objetivos y los instrumentos para recorrer ese camino tendrían que reflejarse con claridad en el nuevo Plan de Energías Renovables 2011-2020 (PER). Ese plan se está dando a conocer por parte del Gobierno, en forma todavía de un “avance informal”. Y llama mucho la atención que los objetivos que propone, si nadie lo remedia, supondrían que las renovables dejasen de crecer, como muy bien ha explicado la Fundación Renovables.

Para la energía solar fotovoltaica, el PER propone que en 2020 haya en España 7.250 MW, una potencia similar a la que la “soleada” Alemania ha instalado en un solo año. Un insignificante crecimiento si tenemos en cuenta que más de la mitad de esa potencia ya la tenemos instalada, y que queda bien lejos de lo que el sector fotovoltaico dijo en su día que sería capaz de hacer para 2020 hasta los 20.000 MW.

Para la solar termoeléctrica, la única tecnología renovable en la que aún somos líderes mundiales, se prevén solo 4.800 MW, cuando este sector también había dicho que sería capaz de hacer 20.000 MW para 2020. Increible pero cierto. Los responsables de la planificación energética en España siguen planificando cediendo a la presión insoportable de las compañías eléctricas y no pensando en las necesidades energéticas de la ciudadanía, es decir el interés general, y la lucha contra el cambio climático.

Está a punto de ocurrir una auténtica revolución energética a nivel planetario. Es altamente probable que en poco más de dos años la electricidad que dan los sistemas solares fotovoltáicos sea más barata que la que compramos a las compañías eléctricas. Ante este panorama tan esperanzador, las compañías eléctricas tratan de conseguir, con las campañas organizadas y una minoría de especuladores irrelevante que les hace el juego, el desprestigio de esta fuente limpia de energía. Su objetivo es sustituir por obstáculos lo que son incentivos con los que conseguir el despegue de esta fuente de energía tan limpia como necesaria para el necesario cambio de modelo energético.

Pero no se pueden poner puertas al campo. Lo único que va a ocurrir es que mientras en España se trata de echar el freno a la energía solar, otros gobiernos que tienen más claro dónde está el futuro que conviene, desde Alemania hasta China, nos pasan por delante.

El informe de Greenpeace al que aludía unos párrafos antes: Renovables 2050, sobre el potencial de las energías renovables en la España peninsular, es contundente: Si sumáramos todos los techos de las diferentes tecnologías renovables tecnológicamente y económicamente viables, más de una docena, tendríamos un máximo del techo total de generación basado en renovables de 15.798 Twh/año. Este techo de generación con renovables representa una capacidad de generación equivalente a más de cincuenta y seis veces la demanda peninsular de electricidad para 2050 y superior a diez veces la demanda de energía total peninsular para 2050.

Los recursos renovables más abundantes, con diferencia, son los asociados a las tecnologías solares. Es de destacar el gran potencial de la solar termoeléctrica, que podría satisfacer más de treinta y cinco veces la demanda eléctrica proyectada para 2050. Otras tecnologías solares también podrían generar varias veces la demanda de electricidad para 2050: solar fotovoltaica con seguimiento: unas cinco veces, chimenea solar: unas tres veces y fotovoltaica integrada en edificios dos veces.

Si tenemos en cuenta toda la demanda de energía peninsular proyectada en 2050 (1.525 Twh/año), con las tecnologías solares sería posible satisfacer del orden de ocho veces esta demanda.

En un contexto planetario. La energía solar fotovoltaica podría dar electricidad limpia más de 4.000 millones de personas. Contribuyendo de forma decisiva a las necesidades energéticas de dos tercios de la población mundial para 2030 incluidos aquellos que viven en zonas remotas. El impresionante crecimiento del sector de la energía solar ya demuestra su potencial de llegar a ser un contribuyente global de energía. Para 2030, se estima que se habrán instalado más de 1800 GW de sistemas fotovoltaicos en todo el mundo, lo que representa más de 2600 TWh de electricidad producida al año, un 14% de la demanda eléctrica mundial. Esta energía es suficiente para suministrar a 1.300 millones de personas en zonas desarrolladas o a más de 3 mil millones de personas en zonas rurales remotas que actualmente no tienen acceso a la electricidad de red.

La electricidad solar podría ayudar a reducir hasta 1.600 millones de toneladas de emisiones de CO2 para 2030, equivalente a las emisiones de 450 centrales térmicas de carbón. Combatir el cambio climático requiere una revolución en la forma en que producimos y usamos la energía y en este sentido la solar es una gran parte de esta solución.

Por otro lado, la electricidad solar contribuirá a crear empleos verdes. Actualmente, casi 120.000 personas están empleadas en este sector; la mayoría de los puestos de trabajo, que incluyen la instalación, mantenimiento y venta de sistemas fotovoltaicos, se crean localmente e impulsan las economías locales. En 2020, se espera que unos dos millones de personas estén trabajando en el sector y para 2030, se podría llegar a casi diez millones de personas en todo el mundo. El presidente Zapatero estimo en 500.000 los puestos de trabajo que podría aportar el sector renovable, en el marco de un cambio de modelo productivo, como el que se pretende, a mi juicio sin éxito, a través de la Ley de economía Sostenible.

Actualmente, la mayoría de los sistemas fotovoltaicos instalados se benefician de sistemas de apoyo económico bien diseñados, aunque como en todos los sectores productivos no exentos de la picaresca de una minoría de especuladores sin prejuicios. En particular el mecanismo de apoyo al precio a través de las tarifas eléctricas, que proporciona una remuneración justa al inversor y premia el esfuerzo realizado al invertir en una fuente de energía limpia. La energía solar se está haciendo más viable económicamente y debería ser competitiva en costes con la energía convencional para 2015 en los países del sur de Europa y para 2020 en la mayor parte de Europa.

Por otro lado, la Asociación Europea de la Energía Solar Termoeléctrica (ESTELA) y el programa Solar PACES de la Agencia Internacional de la Energía, destacan cómo la energía solar térmica de concentración (ESTC) podría llegar a cubrir el 7% de la demanda eléctrica mundial en 2030 y más de la cuarta parte para 2050.

La energía solar termoeléctrica es la última gran protagonista de la revolución energética. Primero fue la eólica, después la fotovoltaica y ahora las centrales solares termoeléctricas ya están aquí para producir a gran escala y a todas horas electricidad renovable, limpia, autóctona y con garantía de suministro. El Gobierno español debería impulsar, no frenar, su desarrollo para aprovechar todo su potencial.

Esta tecnología es clave en la lucha contra el cambio climático. Gracias a ella, se podrían ahorrar 4.700 millones de toneladas de CO2 al año para 2050, es decir, un 20% de todas las emisiones que hay que reducir en el sector energético. Bastaría con una superficie equivalente al 0,5% de todos los desiertos, o a la de Andalucía y Cataluña juntas, para producir toda la electricidad consumida en el mundo actualmente.

España está a la cabeza de la rápida expansión en los últimos años de esta industria, con 14.231 MW en proyectos. Desde las primeras centrales comerciales que se instalaron hace más de veinte años en California, la experiencia e investigación en estos años ha logrado centrales más eficientes, de forma que a día de hoy son una alternativa directa a las centrales térmicas o nucleares.

Además de la cantidad de energía que pueden producir, las centrales solares termoeléctricas tienen la gran ventaja de que pueden seguir funcionando aunque no haya sol, ya que pueden almacenar la energía en forma de calor, o bien operar en combinación con otras energías renovables, como el biogas.

Pero para que el gran desarrollo que puede tener esta energía se haga realidad se deberán dar las condiciones que permitan a la industria realizar, con seguridad jurídica, las inversiones necesarias en este sector, para ello, sería prioritario un objetivo ambicioso para 2020 y una ley de energías renovables, que incluya: primas fiables con una senda decreciente, no imponer cupos de potencia total, eliminar el límite actual de potencia por planta (50 MW), incentivar la hibridación con otras renovables (biogás, biomasa) y primas sólo para la electricidad (y/o calor) renovable.

Es posible que la ley de energías renovables sea una de las pocas iniciativas legislativas que el Gobierno quiera y pueda sacar adelante en lo que resta de legislatura. Al menos este es uno de los compromisos más firmes derivados de la Ley de Economía Sostenible. El tiempo dirá si el gobierno cumple y si lo hace de forma que España pueda seguir siendo considerada entre los países que están liderando el desarrollo e implantación de la energía solar a nivel mundial, especialmente en lo referido a energía solar termoeléctrica y fotovoltaica.

En la próxima década se deberán sentar las bases para el cambio de modelo energético que permita a la humanidad combatir el cambio climático, no podemos esperar más. Un cambio de modelo que nos ha de situar en un escenario 100% renovable en 2050. Y lo que se tiene que decidir ahora es si España se mantiene en el pelotón de cabeza que lidera la revolución renovable o pasa al furgón de cola, apostando por fuentes energéticas sucias y obsoletas en las que España tiene una enorme dependencia exterior. Los políticos hablan, lo líderes actúan. Me pregunto si nuestros políticos estarán a la altura de las circunstancias o nos defraudarán como hicieron en la Cumbre del Clima de Copenhague en diciembre de 2009.